Columnistas

Ensayo de un orgullo en hip hop

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torrez

00:10 / 09 de agosto de 2017

Nació de difícil parto, pero en amor concebida. No fue bien vista al nacer, porque el agrio vecindario pretendía hacerse dueño de sus innatas riquezas. Para que ella sea posible por encima de la envidia, unas 10 generaciones rindieron su vida y sueños en duelos de sangre y fuego.

Nació con sol y con nieve, mar a sus pies y montañas, selva infinita, altiplano, un valle azul de verdoso y un lago cerca del cielo.

Del pututu de los vientos y los sonidos del Ande se valió el sabio destino para darle bienvenida con la floresta de un huayño. La música se hizo tierra. A ella llegaron los indios, que eran su gran mayoría, y desbordaron su angustia y sus lágrimas de hombres tratados como las piedras.

Tres largos siglos estuvo tragando niebla y silencio, hasta que un hirviente mar de ansiedades la hizo cierta. Estremecida brotó para los riesgosos cauces de la libertad y la honra, con ayeres y mañanas, es decir plena de historia y repleta de futuro.

No hubo modo de hacerla sino con amor y furia, a tajo de espada y duelo con un dejo de ternura libertadora y solvencia de sus claros guerrilleros. Hubo que hacerla a urgencias de la energía y el grito de quienes la imaginaron cierta de verdad y libre.

Un sábado 6 de agosto con campanas fue la fiesta y Bolívar, en su orgullo, la llamó hija predilecta. Con la sangre de sus glorias, el oro de sus solares y el verde de la llanura hizo su bella bandera al amparo de la otra, inmemorial, la wiphala. Y creció de fecha en fecha entre aciertos y avalanchas, polvareda de tumultos y heroísmos de alborada.

La codicia de su entorno, vecindario de ojo al charque, se volvió guerra y asalto. Se defendió como pudo. No dejó que le quitaran el petróleo ni el oro, el cobre, toda la plata (te puedo contar, hermano, un siglo de lo que he visto y sufrido por las trampas del endemoniado estaño).

La privaron de sus costas y su extenso litoral. Sufrimos. Está latente la desgraciada amenaza separatista y el odio oligárquico y racista. Pero ella prosigue, andando con sus riquezas abiertas hasta el bienestar común, como pasa con el gas que ahora le reporta ingresos como nunca, para todos, y es por la honradez del Evo y el acierto financiero de Luis Arce, el ministro que impulsó el PIB más alto en el tiempo y el espacio de la historia nacional. Bien sabe mi tierna patria que a futuro de quien sabe podrían hacerle daño por adueñarse del litio que se guarda en el salar. La tentación ronda y ronda con la inversión, cómo no, ¡pero ese hip oneroso ya viene a ser otro hop!

Así como está, mejor si no cede en sus combates. Bolivia es una razón esencial para vivir y la explicación más viva para aprender a morir.

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