Columnistas

Épica de la censura

A los medios ya les tiembla la mano cuando deben (es  su deber) informar sobre sus palabras.

La Razón / Óscar Díaz

02:47 / 03 de septiembre de 2012

Los sumisos corderos del Presidente han salido a disparar contra la prensa. Mansos y tranquilos estaban, pastando como siempre en la huerta del Palacio, hasta que a uno de ellos se le encendió la lamparita —de querosén— y decidió que había que defender al humilde campesino que les da de comer. El silencio de los corderos no era lo mejor y llamaron a gabinete. “Vamos a decir que le tergiversan sus palabras, que lo malinterpretan, que los medios son unos malditos (entiéndase, malintencionados) con el pastor”.

El pastor tiene dificultades para comunicarse. Y sus corderos, que se le han descarriado y fueron a la universidad, saben que esos años de estudio hoy les sirven para pastar con holgura en el Palacio. Aun así, están dispuestos a sacrificar sus títulos, sus lanas, sus cueros, su alma si fuera necesario, porque la tienen, con tal de que nadie toque a su amo. Cándido rebaño, un amor de fieles. Dicen que dijo que dijo: los corderos tienen el don de la palabra. De la palabra traducida.

Da flojera analizar lo que el Presidente dijo, sabiendo que lo que dijo en verdad es lo que quiso decir, o no, no es lo que quiso decir y tampoco lo que sus corderos dicen que dijo. Da flojera, también, porque los analistas —otros que lo tergiversan todo— han analizado lo dicho al derecho y al revés.

En un Estado laico, dijo un amigo, la Iglesia no puede tener tanto poder. ¿Por qué tras el anuncio de un proceso contra la católica ANF, de golpe y porrazo aparecen como calumniadores del Presidente dos medios “intrusos”, entre los tantos que publicaron la jerigonza en cuestión? Dios, o al menos Noé, debe estar detrás de esto, o ¿qué pito tocan los corderos en esta monada de judicialización? Monada no, manada de lobos que le mordisquean al pastorcito sus palabras y las deforman a gusto y placer.

“Espíritu de piara, señores (por los corderos), hay que defender al pastorcito (que tiene dificultades para comunicarse)”. Tan lindos.

Cualquiera diría que lo hacen por flojos, por la ociosidad del cordero al que se le acabó el pasto y no tiene más ideas (no todos los días se enciende la lamparita en la huerta) que plantear un juicio penal contra tres medios, conocedores de que las leyes de enfrente todavía dicen que vivimos en democracia y que, por tanto, rige la Ley de Imprenta, en justicia la que debería aplicarse a los medios malditos.

Claro, los corderos no son tontos: a hurtadillas del pastorcito han ido a la universidad. Y, profesionales de la horticultura, habiendo entregado su alma por la ley antirracismo, tienen permiso para pensar que la vigorosa Ley 045 sirve para pisotear a la envejecida Ley de Imprenta. Vivimos en una sociedad que no respeta a los mayores.

Es más, como el ladrón cree que todos son de su condición, toman por borregos a los bolivianos cuando alegan que su actitud de ninguna manera implica un resquebrajamiento de la libertad de expresión. Entonces, el insistente ataque a la prensa no alineada al oficialismo es un invento de algún trasnochado y, ¡por la Pachamama!, no existe mala intención en la huerta. Así, llevar a la justicia ordinaria a tres medios (un hito en la historia democrática del país) no es persecución, sino un acto de absoluto respeto a las libertades.

Audaces como los conocemos, la épica de la censura pareciera ser el objetivo;  y la presente, una batalla dentro de la gran revolución para acabar con los atropellos del periodismo.

La gloria se acerca. Los corderos disparan contra la prensa y el pastorcillo valiente puede decir lo que quiera: a los medios ya les tiembla la mano cuando deben (es su deber) informar sobre sus palabras.

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