Columnistas

Equidad de género indígena

En las comunidades aymaras, ninguna autoridad comunal puede asumir el mando solo, ni sola

La Razón / Félix Layme Pairumani

01:13 / 13 de marzo de 2012

Hoy se dice que el hombre aymara es machista. El tema a estas alturas es complicado. Quizá Frantz Fanon aclare: “Frente al ocupante, el ocupado aprende a esconderse, a ser astuto”. Esto puede iluminar la búsqueda del camino perdido. En las culturas andinas, la mujer tuvo su lugar preferente en el orden político y social; sin embargo, después de la invasión española han cambiado muchas cosas. Una de ellas es el surgimiento del machismo indígena.

En la cultura aymara, donde todo parece dual, se pueden ver varias muestras de contraposición-complementariedad (y esto no hace más que insinuar una búsqueda de equidad de género). Muestras de estas relaciones son la tensión entre el bien y el mal, la disposición de objetos en la ramada del matrimonio, y otros en la ritualidad, la política, la música y los calendarios.

El bien y el mal son inseparables para el indígena. No puede existir el uno sin el otro. En la simbolización aymara la mujer simboliza el bien y el hombre el mal. Federico Aguiló, en 1980, afirma: “Lo uno holográfico = femenino-benigno = Pacha Mama. Lo múltiple diverso= Masculino-maligno = apus, mallkus”. Es decir: el hombre es la razón y la mujer, el corazón. Al respecto, hay un proverbio aymara que dice: Jani p’iqi amuyu armasa, chuymana thakhipa sarañäni (Sin olvidar la razón vayamos por el sendero del corazón).

En áreas rurales, para el matrimonio se hace la ramada, una especie de altar ritual del amor. Se lo adorna con plantas y productos que simbolizan armonía y eternidad, pero todo esto se ubica siempre en pares. La mujer preside la marcha nupcial, ya sea para ir a bailar o  recibir el ayni; aunque hoy, en las ciudades y en varios lugares del campo, ya lo preside el hombre. 

En la ritualidad, los andinos son en esencia politeístas. Tienen varios dioses y creen en el equilibrio de la diosa del bien y los dioses del mal. Parece un dualismo de la Pacha Mama y los Wak’a Achachilas; sin embargo, estos dos son considerados una sola realidad.

En la política está remarcado el matriarcado en los pueblos andinos. Hoy mismo, en las comunidades aymaras, ninguna autoridad comunal puede asumir el mando solo, ni sola. El jilaqata o el mallku asume el mando siempre con su mujer: mujer y hombre es la autoridad porque el mayor bien es la unidad de la pareja.

En el espacio-tiempo también se formula de la misma manera: la oposición arriba y abajo proviene de la concepción de equidad de género, oposición que también se encuentra en la música, las danzas y el calendario andino. En la cosmovisión andina, prevalece el trato global y equitativo de la mujer y el hombre.

Varios investigadores como Ellefsen, Rostworowski, Hernández Astete y otros, no encontraron evidencias de machismo en las antiguas culturas andinas. Al contrario, ellos ven una perfecta complementariedad, que existía un ejercicio dual en el poder incaico, y que la mujer no se encontraba en una situación inferior al hombre.

El actual machismo aymara no es más que un producto del colonialismo. Ante la invasión, los indígenas, como todo hombre, tuvieron que salvaguardar a sus mujeres y en ello aprendieron el machismo. Endilgar de machista al aymara es leer una sola cara de la moneda, es una ligereza, es olvidar lo bueno y recordar lo feo de un asunto complicado por cuestiones coloniales, pero también es no poder concebir el dualismo. El machismo no es algo propio del mundo andino, tanto en el análisis cultural y lingüístico hay evidencias de que las culturas andinas carecían de dicho fenómeno.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia