Columnistas

Escabeche neoliberal

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 27 de mayo de 2018

Dónde poner el corazón, con la certeza de que se puede cambiar la forma de vivir que hoy tenemos y que causa sufrimientos a la humanidad y a la naturaleza? ¿Dónde poner el corazón sabiendo que puede que veamos alucinaciones en el desierto y nos hagamos la ilusión del cambio?, o por el contrario, ¿que no estemos dando crédito a las maravillas que están en nuestras narices?

¿Dónde poner este corazón todavía inocente, al seguir creyendo que la palabra es un compromiso ético? Corazón que, sin embargo, siente en su piel las arrugas de la mentira y envidias que corroen el festejo del nuevo tiempo y espacio de nuestros pueblos.

La vida es así. No obstante, asombra los grados altísimos de cinismo, a tal punto que las palabras “sinvergüenza” o “cara dura” se quedan ya inútiles. Habrá que inventar otras como “escabeche neoliberal”. Ciertamente, el neoliberalismo hizo un trabajo muy útil para destruir la vida, la humanidad y el planeta; relativizó absolutamente todo y ahí se confundió todo. Los trabajadores despedidos eran denominados eufemísticamente (o mentirosamente) “trabajadores por cuenta propia”.

El neoliberalismo también nos hizo creer que no se podía cambiar el capitalismo y que era mejor unirse a él como pequeños y medianos empresarios. En estos 12 años no los pudimos derrotar como quisiéramos. Es más, un gran porcentaje de los jóvenes criados en este proceso comulgan con estos discursos.

¿A propósito de qué escribo esto? Pues, porque el corazón se me arruga y se me hace chuño con las y los racistas en Sucre en la semana en la que recordamos el 24 de mayo de 2008. No cambiaron, estaban en latencia; respirando por el odio y las amarguras de ver cómo se les trataba como iguales, no como superiores. ¿Cómo nos explicamos a nosotras ya adultas este estado zombi de los racistas en Sucre, que no cambian, que se pudren y quiere podrirnos mordiendo nuestros sueños con sus colmillos de pesadillas? ¿Cómo les explicamos a las wawas estos comportamientos de “corretear a indios”, ese ensañamiento, esos golpes? ¿Qué les decimos a nuestras personas queridas?

Si es un indio el que golpea a otro indio y le grita “¡Indios de mierda!”, pregunto: ¿es válido haber hecho concesiones en Chuquisaca a las autoridades que incentivaron el moralismo y la misoginia contra las mujeres, vinagre que siguió “marinando” el racismo y el colonialismo? ¡Afirmo que no! No se puede sacrificar las posiciones políticas a cambio de gobernar, porque las consecuencias se pagan. Y las consecuencias son la persistencia de las posiciones autoritarias, racistas, descalificadoras, tanto en Sucre como en Santa Cruz, que cada vez que pueden sacan racismo.

Se hicieron concesiones a la derecha y a los derechistas a fin de lograr votos. Como revolucionarias, ¿cuánto ganamos con eso? En realidad siempre se pierde en Santa Cruz. Sin embargo, se abandonó a El Alto, donde el voto es consecuente. Tenemos que revisar lo que se está haciendo en este proceso de cambios. No podemos seguir nutriendo la contrarrevolución.

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