Columnistas

La Escuela Antiimperialista

A instancias de EEUU, las FFAA de la región asumieron el indigno papel de reprimir a sus pueblos.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

02:58 / 26 de agosto de 2016

Tras la inauguración de la Escuela de Comando Antiimperialista Gral. Juan José Torres Gonzales en el municipio cruceño de Warnes, no faltaron algunas críticas. Como siempre, la derecha apeló a la desinformación, aduciendo que la escuela es un exceso, porque responde al fantasma del imperialismo que solo existe en la imaginación de Evo Morales. Aquí algunas realidades de ese “fantasma”.

El 30 de junio de 1956 “se firmaron dos tratados casi idénticos para el establecimiento en Bolivia de dos misiones militares de Estados Unidos: la de la Fuerza Aérea y la Misión del Ejército. Esos dos tratados amarraron militarmente a Bolivia a la voluntad de Estados Unidos y fueron el mecanismo para la reconstrucción de las Fuerzas Armadas bolivianas no solo con orientación estadounidense, sino también bajo ese tutelaje. Como ejemplo de la pérdida de soberanía que significaban esos tratados se puede mencionar que a partir de ese momento Estados Unidos tenía el derecho exclusivo de manejar e intervenir en las Fuerzas Armadas de Bolivia, quedando terminantemente prohibido para el país aceptar cooperación alguna incluso de sus países vecinos sin el expreso consentimiento de la potencia del norte. Así lo establece el artículo 26 de ambos tratados: “Mientras este acuerdo se halle en vigencia, el Gobierno de la República de Bolivia no empleará ni aceptará los servicios de personal de cualquier otro gobierno extranjero ni de ningún individuo que no sea ciudadano de la República de Bolivia, para trabajos de ninguna naturaleza en relación con las Fuerzas Armadas, excepto por previo acuerdo mutuo entre los gobiernos de Estados Unidos de América y la República de Bolivia”. Este artículo le impedía a Bolivia relacionarse con sus cinco países vecinos en materia de seguridad y cooperación militar, dejando en manos de Estados Unidos el derecho exclusivo de patrocinar a las Fuerzas Armadas bolivianas. La historia luego demostraría que lo mismo hizo con los otros países, llegando a controlar militarmente a la región” (Juan Carlos Zambrana, Destrucción de Naciones, Tomo I).

Después de consolidar su hegemonía regional con el monopolio del adoctrinamiento militar, Estados Unidos prostituyó a las Fuerzas Armadas latinoamericanas, al hacerlas olvidar del digno mandato de resguardar la soberanía nacional, para asumir el indigno papel de represoras de sus propios pueblos, bajo la excusa de precautelar la “seguridad interna”. Eso les amplió el legendario papel de fuerzas armadas proimperialistas, defensoras del capitalismo transnacional (masacres y represión de trabajadores), al criminal objetivo político de eliminar a la izquierda (asesinatos de líderes, dictaduras, Plan Cóndor). Tan descarada era la humillación a la que eran sometidos los militares latinoamericanos que en las clases de “contrainsurgencia” se les enseñaba que el enemigo interno era la población civil de sus propios pueblos; y en el caso de Bolivia, el indígena antiimperialista, incluidas las mujeres, y el político de izquierda.

Si el imperialismo es la humillante subordinación de un pueblo pequeño al dominio de un país poderoso, el antiimperialismo democrático no solo es un honor, sino además un deber patriótico. Iniciativas como la de la escuela inaugurada en Bolivia son una necesidad imperiosa para recuperar la soberanía de nuestras naciones, la soberanía institucional de nuestras Fuerzas Armadas y la dignidad de nuestros ejércitos.  

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