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Esferas

Según Sloterdijk,  los humanos vivimos creando y recreando esferas y atmósferas de protección

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

00:02 / 13 de octubre de 2014

Para Peter Sloterdijk, los seres humanos vivimos creando y recreando esferas y atmósferas de protección. Desde la concepción, el ser humano vive en esta condición diádica: placenta/feto, madre/niño, alma/dios. El ser humano emerge en busca de recrear su caverna confortable, su certeza protectora, desde las microesferas íntimas, como la pareja y la familia, a las esferas políticas de mayor dimensión, como los Estados, que Sloterdijk caracteriza como “úteros fantásticos para masas infantilizadas”.

La ruptura de la esfera, el estallido de la atmósfera, se la vive como una catástrofe y un trauma. El exterminio judío fue la ruptura del mundo que daba cobijo a sus seres humanos; la colonización que empezó en 1492 es otro ejemplo. El ser humano descascarado, dice Sloterdijk, debe arreglárselas para vivir a la intemperie, y buscar lo antes posible la (re)creación de una nueva esfera. Para mostrar esto Sloterdijk realiza una arqueología de lo íntimo, de los espacios de albergue no solo material, sino también espiritual. Los humanos buscamos levantar burbujas y globos para sentirnos seguros, así nos blindamos contra los horrores de un espacio estriado y sin referencias.

La urna en la que depositaron los votos ayer millones de bolivianos, así como los noticieros que dieron el resultado de las elecciones al 100% del escrutinio o el llamado número redondo son otras expresiones de la esferología política.

Y sucede algo curioso, los que llamaron a no votar, los que acusan a la macroesfera política de tratar a los seres humanos como un rebaño que asiste a una función no están fuera de la esfera, sino que buscan dilatar y extender la esfera íntima en la que se han cobijado. La invitación al otro es la muestra de la necesidad de esta intimidad compartida que caracteriza a la burbuja en su necesidad de sobrevivir. Esto es mucho mejor que la mónada autista, es decir,  el individuo desinteresado al que le dio lo mismo ir o no ir a votar y que le importa un rábano la política.  La mónada autista, el bloom, o como quiera llamarse al idiota que renuncia al espacio público donde se decide su vida, es el abono para los autoritarismos.

En una entrevista preguntaron a Foucault por qué se interesa tanto en política, y éste respondió: “¿por qué no debería interesarme por ella? ¿Qué clase de ceguera, qué sordera, qué densidad ideológica tendría que pesar sobre mí para impedir que me interesase por el problema sin duda más crucial de nuestra existencia, es decir, la sociedad en la que vivimos, las relaciones económicas con las que funciona, y el sistema que define las formas habituales de relación, lo que está permitido y lo que no, que rigen normalmente nuestra conducta?”. Así, para Sloterdijk y para Foucault, la política es la esfera de vida más importante que hemos creado.

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