Columnistas

España en el corazón

Esa generación fue abatida, pero no vencida. Federico, fusilado en Granada; y el resto, exiliado

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

04:28 / 29 de mayo de 2015

Fue una generación como no se vio nunca. La del 27 reunió a lo mejor de la poesía castellana de las dos orillas. Hasta la provincia ibérica fueron Pablo Neruda, Octavio Paz y hasta Jorge Luis Borges. Ahí los esperaban Federico García Lorca, Altolaguirre, Luis Cernuda, Pedro Salinas y el que más me gusta de todos: Miguel Hernández, autor de Canción del esposo soldado, uno de sus muchos poemas dedicado al amor y la guerra: “nacerá nuestro hijo con el puño cerrado envuelto en un clamor de guitarras y victorias”.

Los acompañaban los sobrevivientes de la generación del 98, los hermanos Machado y León Felipe. Casi todos ellos fueron militantes de su tiempo, no se refugiaron en la palabra ni tampoco acuñaron esa tontería de que se puede ser independiente a las luchas de nuestros pueblos. Y ojo, ninguno de ellos fue un panfletario. Al contrario, empuñaron la pluma como quien amartilla el fusil e hicieron que la belleza se potencie, porque sonaba a multitudes.

Así, García Lorca militó en el Frente Popular, y la Guardia Civil lo mató por rojo, por haberse atrevido a decir que “tienen, por eso no lloran, de plomo las calaveras”. Y el vital Hernández, poeta de la calle, campesino que, cuando le ofrecieron dinero de un mecenas, preguntó si el señor no tenía unas ovejitas que cuidar, quien fue comisario de Cultura del batallón de Lister, el campesino.

Esa generación fue abatida, pero no vencida. Federico, fusilado en Granada; Miguel, muriendo en la cárcel franquista; el resto, exiliado, expulsado de esa España de camisa blanca, de esos hombres y mujeres que buscaban un futuro diferente.

La siguiente generación de escritores españoles importantes fue llamada “maldita”, porque se chocó una y otra vez con una España oscurantista. Y el más importante de esos creadores es Juan Goytisolo, quien no en vano terminó su discurso al recibir el Premio Cervantes con un “digamos bien alto que podemos”. Y bien alto ha hablado el pueblo español en las recientes elecciones locales, particularmente en grandes ciudades como Barcelona y Madrid, al votar por una nueva opción, de izquierda radical.

Y este puede ser el preludio de la caída del neoliberalismo en la provincia ibérica. España se merece una revolución que haga honor a tantos centenares de millones de hombres y mujeres que lucharon bajo las banderas de la República, de tantos que cayeron, de los poetas de la vida (como Lorca, como Hernández); y una vez más podremos decir lo que Neruda enunciaba en un libro del cual he copiado el nombre de esta columna: “¡No han muerto! / ¡Están en medio / de la pólvora/de pie, como mechas ardiendo!”. Aunque hoy esas mechas ardiendo sean votos.

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