Columnistas

Especular hambre

El hambre no se debe a la falta de alimentos, sino a la vergonzosa especulación y distribución de la comida

La Razón / Lucía Sauma

00:08 / 18 de octubre de 2012

En Grecia las autoridades han decidido que los alimentos con fecha vencida están autorizados para la venta. Se ha tomado esta medida debido al alza desbordada de los precios. Ya no interesa si es bueno para la salud o no. En la cúspide de la especulación no hay posibilidad, ni interés, por controlar los precios. En otras circunstancias diríamos que es un acto inmoral, pero a quién le importa hablar de moral cuando lo único que interesa es salvar el sistema financiero a cualquier costo.

Según estimaciones, los especuladores controlan más del 60% de los mercados de alimentos, comparado con el 12% del mercado en 1996. Esto significa que poco interesa salvar  a las 1.000 millones de personas que, según el Fondo para la Agricultura y la Alimentación de las Naciones Unidas (FAO), están desnutridas. Los especuladores han puesto sus ojos y sus garras en la comida.

El Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias, en su publicación Índice Global del Hambre, 2012, dio a conocer que  contadas multinacionales controlan el negocio del acopio y el transporte mundial de alimentos: Cargill, Dreyfus, AMD, Bunge. Otras pocas entidades financieras manejan su comercio: Goldman Sachs, Morgan Stanley, Barclays, Citibank, Deutsche Bank, HSBC y JP Morgan. Estos bancos de inversión han sido los causantes de la crisis financiera que se desató en Estados Unidos en 2008, con la caída de Lehman Brothers y que continúa ahora con la crisis de la Unión Europea.

“Hoy en día hay alimentos suficientes, para que, si fuéramos capaces de organizarnos, nadie pasara hambre”, es la afirmación del responsable del Derecho a la Alimentación de la FAO, Juan García Cebolla, para quien el hambre es un “problema político, no un problema de recursos”. En mayo de 2011, la FAO denunciaba que cerca del 30% del total de la producción mundial de alimentos era arrojada a la basura como desperdicio por las sociedades “hipersatisfechas”. Entonces, el hambre no es fruto de la falta de alimentos, sino de la vergonzosa especulación y distribución de la comida mundial.

Sesenta y ocho años después de la declaración de la alimentación como un derecho humano fundamental, una de cada ocho personas tiene hambre y no puede satisfacerla; se insiste en crear políticas de incentivo a los agrocombustibles que están generando competencia con la alimentación humana. La tierra, el agua y la alimentación están controladas por traficantes de la sed y el hambre.

Urge revertir las prioridades: regularizar y castigar a los especuladores y traficantes del hambre. No se puede seguir salvando el sistema financiero imperante en el mundo a costa de la vida de las personas. No se puede dejar en manos de los especuladores los estómagos de la humanidad.

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