Columnistas

Estigma contra peruanos en El Alto

Demasiados bolivianos, al menos en El Alto, han endilgado a los peruanos el feo estigma de ladrones

La Razón (Edición Impresa) / Tejiendo pistas - Xavier Albó y Beimar Montoya

00:00 / 02 de marzo de 2014

El dato crudo del Censo 2012 sobre extranjeros en El Alto no es creíble por ser demasiado bajo. Sobre un total censado de 843.934 habitantes (cifra que ya es baja, por haberse rechazado la sugerencia de una pregunta adicional sobre doble domicilio), solo 4.148 (0,49 %) respondieron que habían nacido en otro país. Solamente los peruanos deben ser bastantes más, aunque es difícil contabilizarlos porque la mayoría, que viene de Puno y cercanías, se pueden mimetizar bastante bien y con frecuencia les conviene por razones laborales y jurídicas. Pero aquí nos fijaremos más bien en la otra vertiente del asunto. Lamentablemente demasiados bolivianos, al menos en El Alto, les han endilgado el feo estigma de ladrones y delincuentes.  

El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) ha concluido un estudio exploratorio y cualitativo sobre los peruanos en El Alto, en el que se incluyó la siguiente pregunta a los bolivianos: “¿Qué piensa usted de los peruanos que viven en El Alto?”. Se entrevistó a personas en diversos ambientes, sobre todo ferias, pero también en dos universidades, un hospital y algunos centros parroquiales. Las 75 respuestas abiertas las distribuimos en cinco categorías:  1) 13 que sí los aceptan con toda naturalidad por su derecho a emigrar; 2) 11 que los aceptan pero con diversos matices o bemoles: “sí pero”; 3) 17 que distinguen situaciones: sí o no, según el caso;  4) 16 que dudan o matizan pero prevaleciendo el rechazo: más no que sí; y 5) 21 que los rechazan sin más: un no rotundo.

En estos dos últimos grupos es donde más claramente aparece el prejuicio y estigma. He aquí algunas de sus respuestas: “No, no estoy de acuerdo con los peruanos. De cada diez peruanos, 11 son rateros. No es que sea racista, discriminatorio. Es que así se han hecho ver los peruanos”. / “No, porque muchos son chorros… Son diferentes, muy diferentes, te roban, te miran diferente”. / “No, la verdad. Porque es una mala influencia para nosotros, porque la mayoría de los peruanos están vistos como rateros y es mal ejemplo ¿no ve? No es por discriminar”. / “En todos los hechos noticiosos donde hay comisión de delitos, ellos siempre están involucrados, siempre,  el 80%. Son una mala imagen (...)”.  / “Personalmente no tengo un concepto positivo de los peruanos. Independientemente que puede ser o no… un hecho delictivo”.

Son bastantes los casos en que podríamos caricaturizar como “sí pero no”. Es decir, su respuesta empieza asumiendo las razones para aceptar a los peruanos, pero a medida que hablan, van cargando las tintas para más bien rechazarlos, por experiencias propias o reproduciendo estereotipos de los medios o de la Policía: “ (…) y corría como peruano”.

Sin negar que haya delincuentes (en todas partes el trigo y la cizaña crecen juntos) se repiten y difunden consignas marcadas por el estigma mediático y el desconocimiento de la temática migratoria. He ahí un ejemplo típico: “No es por malo, pero la mayoría vienen ilegalmente. Hay peruanos ilegales que sí trabajan, que se ganan la vida honradamente, que vienen aquí y que hacen progresar y ayudar... (Pero enseguida cambia) Hay que ser realista que los que vienen, a delinquir vienen, a cometer crímenes, vienen a robar. Y se ve en la mayoría de los canales, se escucha en los noticiosos. Cuando hay delitos o crímenes siempre hay peruanos ahí adentro”.

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