Columnistas

Estupidez y el Carnaval de Oruro

La declaración del dirigente orureño devela el carácter provincial de una mentalidad inquisitorial.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

03:50 / 10 de febrero de 2015

El escritor francés Albert Camus decía: “la estupidez insiste siempre”. Al parecer, la dirigencia del Comité Cívico de Oruro se hace eco de esta frase, ya que de un tiempo a esta parte nos tiene acostumbrados a una serie de comunicados y declaraciones públicas que bordean la ridiculez.

La última es una advertencia insólita del dirigente cívico orureño Pedro Challapa en sentido de que el ministro de Culturas, Pablo Groux, podría ser declarado enemigo de la orureñidad, por el hecho de confundir a los turistas extranjeros al invitarlos de manera genérica al “Carnaval de Bolivia” y no así al “Carnaval de Oruro”. ¡Qué error imperdonable!

Ahora bien, en caso de que el Carnaval de Oruro fuese propiedad exclusiva de los orureños, entonces, ¿por qué los “iluminados” dirigentes cívicos acusan al ministro “por no cumplir su palabra de promocionar y difundir” dicha celebración? Si la lógica (carente de sentido) en el seno de la dirigencia cívica se impondría, los orureños tendrían que invertir con sus propios recursos para desplegar una cruzada que promocione “su” carnaval y no recurrir al Estado para tal propósito.

¿Acaso no saben estos dirigentes que el Carnaval de Oruro fue declarado como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, y que por lo tanto ha rebasado el ámbito local para adquirir una dimensión ecuménica y “universal”; es decir, que “pertenece o se refiere a todos los países, a todos los tiempos, a todas las personas o a todas las cosas”. En todo caso, como diría Albert Einstein, “hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro”. Sin embargo, la estupidez parece intacta. Además, esta denominación por la Unesco se logró en 2008 gracias a una campaña emprendida por el Gobierno nacional a nombre de todos los bolivianos y no solamente de los orureños.

En todo caso, la declaración del dirigente cívico orureño devela el carácter provincial de una mentalidad inquisitorial que está presente en varios dirigentes de la capital de Pagador, quienes al parecer perdieron la brújula de una gestión que debería apuntalar a mejorar los servicios (sobre todo de seguridad) para los turistas, y así evitar hechos dolorosos como el año pasado, cuando incluso se tuvo que lamentar el fallecimiento de dos personas por la caída de una pasarela mal diseñada.

Hasta donde se tiene entendido, la promoción del Carnaval de Oruro, a diferencia de otras ocasiones, se está propagando por doquier y con creces, especialmente en diarios extranjeros y en cadenas internacionales de televisión. A pesar de ello, por el simple hecho de que no se pone énfasis con lo del “Carnaval de Oruro” se llega a expresar exabruptos que entienden esta “omisión” como un atentado contra “los altos intereses de la región” (sic). Es decir que el concepto de “defensa de la región” asumido por los dirigentes “iluminados” del ente cívico orureño adquiere sentidos que rozan en la sorna y solo logran deslegitimarse ellos mismos y, lo peor, consiguen erigirse en el hazmerreír de la gente.

A modo de exageración, ¿se pueden imaginar un arrebato nacionalista de los pobladores de Belice, Guatemala, Honduras o Nicaragua peleando entre ellos por la reivindicación de la lengua, la danza y/o la música de los garifunas?, grupo étnico afrodescendiente de varias regiones de Centroamérica y el Caribe que también fue declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. ¿Sería una estupidez, verdad?

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