Columnistas

Etnografía de nuestra Constitución

Queda claro que una cosa es soñar un nuevo país y otra poner en práctica lo soñado

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 16 de febrero de 2014

Conocí y me hice amigo del argentino Salvador Shavelzon en 2006, en Sucre, donde pasó 14 meses charlando con la mayoría de los asambleístas y sus grupos de apoyo y participando en muchas reuniones para comprender nuestro proceso constituyente desde diversos ángulos. De ahí salió una muy bien informada y única tesis doctoral etnográfica que defendió en el Brasil y que en octubre de 2012 se publicó en La Paz, coeditada por Clacso, Plural, Iwgia y Cejis. Son 623 páginas, incluidas varias fotos a color que aparecen como anexos de cada capítulo.

Es un texto fundamental para quien quiera comprender en detalle los vericuetos de este proceso único entre 2006 y 2007, incluida su ulterior revisión y pulimiento con las diversas corrientes políticas en Cochabamba, a fines de 2008, y los primeros pasos para aplicarla hasta la mitad de 2010. Yo tuve el placer de devorarla durante la época navideña de 2012 en la tranquilidad de San Lorenzo de Mojos, sin internet y casi sin electricidad ni teléfono.     

Esta semana el Sifde, dependiente del Tribunal Electoral, ha culminado la excelente iniciativa de brindarnos una versión abreviada (340 pgs.) de 1.000 ejemplares, preparada por el propio autor, que en la página de créditos incluye la agradable frase “Distribución gratuita, prohibida la venta”. Este jueves, en la presentación, se distribuyeron ya 400 ejemplares.

En las pgs. 7 y 8 del libro se aclara lo eliminado, que en síntesis es: la Introducción, más teórica (esa especie de llajwa o aliño que hay que poner en toda tesis para que guste a los tribunales) y los capítulos 3 y 4, más centrados en los conflictos políticos coyunturales con la “media luna”, la capitalidad plena, etc. que casi lograron abortar todo el proceso. Además, en los capítulos centrales que se mantienen se han hecho también algunos retoques y adiciones. Se lo cierra también en 2010 aunque en las últimas páginas se hace una brevísima referencia al gasolinazo de fines de ese año, que tanto costó remontar, y a la VIII Marcha del TIPNIS de 2011. Pero con lo que ya dice, por ejemplo, con relación a la “constitución abierta” (cap. 3) y a su tensa implementación inicial (cap. 4), ya queda claro que una cosa es soñar un nuevo país y otra poner en práctica lo soñado, tomando en cuenta la correlación de fuerzas e intereses, fácilmente sesgados a favor de quienes controlan el poder estatal.

Adjunto siquiera otra pista sobre un tema muy actual. En el capítulo 1 hay un subtítulo llamado “La coma que separaba indígenas de campesinos y al ayllu del sindicato”.  Al eliminar esa coma se produjo la célebre frase “indígena originario campesinos” (IOC) con solo una s final y sin comas. El texto relata las largas discusiones entre las organizaciones y con otros actores hasta llegar a esta salomónica solución que creaba esa unidad a la vez que respetaba las diferencias históricas entre diversas organizaciones. Unía lo diverso en vez de confrontarlo. Fue la base del Pacto de Unidad, que persistió hasta que el conflicto del TIPNIS lo rompió y que las actuales divisiones fomentadas desde el Gobierno en la Cidob y Conamaq (con IBIS como chivo expiatorio) han rematado en vez de resolverlo. Mientras no se atienda y escuche también a los que piensan distinto dentro de un mismo deseo y proceso de cambio, solo iremos hacia atrás, como cangrejos. ¡Ah!

Y acabo con otra buena noticia. La publicación mayor también se puede descargar vía Google buscando Clacso y Schavelzon.

Es antropólogo lingüista y jesuita.

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