Columnistas

Europa, la crisis y el Euro

Hemos iniciado en Europa un proceso de reforma doloroso para la población, pero necesario

La Razón / Philipp Schauer

00:14 / 22 de septiembre de 2012

Con la quiebra del banco Lehman Brothers, el 12 de septiembre de 2008, se inició una crisis de confianza en el sistema financiero internacional que todavía estamos sufriendo. La coyuntura estadounidense sigue siendo débil y Europa es la preocupación de los mercados financieros internacionales. Pero también en China ha caído el crecimiento, y a nivel mundial se expande la preocupación de una crisis económica (también en Bolivia).

¿Por qué está actualmente Europa en el centro de la crisis de confianza? El problema básico radica en el hecho de que desde hace décadas todos nos hemos acostumbrado a contraer más deudas cada año. Esto no es un problema cuando la economía y el presupuesto del Estado crecen anualmente al mismo nivel. Pero durante una recesión larga o bien cuando se produce un shock económico puede ponerse en duda la confianza en la devolución de los créditos. Esto sobre todo desde 2008.

¿Por qué justamente en el caso de Europa cayó la confianza siendo así que todos los Estados industrializados están altamente endeudados? Japón está por ejemplo en la cúspide, con un nivel de endeudamiento del 230% del Producto Interno Bruto (PIB), que es bastante más alto que el de Grecia que alcanza, aproximadamente, al 190%. Italia está por el 120%, Irlanda por el 115%, Portugal por el 112%. También EEUU con el 105% está todavía por encima de España, cuyo nivel es del 70%, que por lo demás está mejor que Alemania con el 82%.

El Estado japonés está endeudado sobre todo con los propios japoneses, y ellos tienen confianza en su país. La economía estadounidense es tan grande y su capacidad de innovación tan impresionante que parece imposible caer en bancarrota. Europa, en cambio, está conformada por 27 Estados, los cuales hasta ahora discuten enérgicamente acerca del camino para salir de la crisis, lo cual no crea confianza. En agosto, cuando los europeos estaban de vacaciones y no habían cumbres de Estado, se tranquilizó la situación, subieron las bolsas de valores y bajaron los intereses para los empréstitos estatales.

En el caso del Viejo Continente se trata principalmente de una crisis económica en algunos Estados. La economía de Irlanda, por ejemplo, estaba compuesta en su mayor parte del sector financiero, que entró en crisis en 2008. Debido a que el Gobierno de Irlanda respondió por sus bancos, el presupuesto nacional cayó también en déficit. En Portugal existió poco crecimiento económico durante los últimos diez años, en cambio subieron los gastos sociales y el déficit del presupuesto estatal, a lo que se sumó una crisis política. En Italia, los problemas fueron similares y adicionalmente el Gobierno perdió confianza. La economía española vivía en gran medida del mercado inmobiliario, y cuando reventó la burbuja, el Gobierno central apoyó masivamente a los bancos y faltó la confianza en una rápida recuperación económica. Grecia vivía muy por encima de su condición económica, adicionalmente se comprobó que las estadísticas económicas eran incorrectas desde hace años. Corrupción, ampliación masiva del servicio público y fraude fiscal son otras de las razones que causaron una crisis de confianza, así como también las garantías concedidas por el Estado a los bancos que cayeron en el remolino de la debacle de 2008.

Europa está conformada por 27 Estados, pero solamente 17 están unidos por una moneda común, el euro. A pesar de que el valor del euro no ha bajado dramáticamente y su depreciación desde 2008 en relación al dólar, se habla a menudo de una crisis del euro. Esto se debe, por una parte, a que los países arriba mencionados son miembros de la zona Euro. Pero también se habla de una crisis porque existe la expectativa de que los países de la eurozona se colaboren mutuamente, a pesar de que en el acuerdo de Maastricht está expresamente escrito que ningún país responde por otro. En  2010 se crearon la European Financial Stability Facility (EFSF) y el European Financial Stabilisation Mechanism (EFSM) como instrumentos de emergencia transitorios, los mismos que bajo condiciones severas otorgaron créditos a Grecia, Portugal e Irlanda. Ambos serán reemplazados el 8 de octubre por el European Stability Mechanism (ESM) permanente. Esta institución podrá dar créditos de hasta 700 mil millones de euros a países que lo soliciten y que declaren estar dispuestos a cumplir con las condiciones de reestructuración.

Cuando se introdujo el euro en 2002 se planteó la necesidad de que exista una unión político-económica más fuerte junto a la moneda común, lo cual aún no se ha hecho realidad, pero debe llevarse a cabo. En marzo de 2012 se firmó el pacto fiscal que prevé frenar el endeudamiento. Además, habrá una unión de bancos con un control estricto a las entidades financieras, pero también se proporcionará ayuda bajo ciertas condiciones. La EZB (Banco Central Europeo) empezará a comprar nuevamente empréstitos para estabilizar los intereses de los bonos, en principio en cantidad ilimitada, pero solamente si un Estado lo solicita y cumple con las condiciones establecidas. La Unión Europea (UE) ha emitido en junio un paquete de crecimiento por un valor de 120 mil millones de euros para reactivar la economía en los países miembros.

Para Alemania, la UE sigue siendo imprescindible. Haremos todo lo que sea posible para mantenerla y también mantener al euro. Sin embargo, necesitamos reformas. Los elementos de transferencia en la UE ya no son eficientes, las estructuras de toma de decisiones son muy complicadas, los mercados exigen más unión y decisiones más rápidas. También es importante que nuestras economías sigan siendo competitivas. Los costos por unidad salarial han aumentado en la mayoría de los países en los últimos años, mientras que éstos en Alemania permanecieron sustancialmente estables. Esto crea desequilibrios. No se trata simplemente de una política unidimensional de ahorro, sino del ajuste de la administración, establecer incentivos positivos, aumentar la productividad, fomentar las inversiones, liberalizar el mercado de trabajo. Se trata de posicionar a Europa en el mundo del siglo XXI.

Nosotros hemos iniciado en Europa un proceso de reforma doloroso para la población, pero necesario. No va a faltar la solidaridad europea, pero también es importante que todos cumplan con lo que han prometido, que se respeten las reglas y que con eso se cree confianza. La UE ha sido la primera en entrar en crisis, se ha enfrentado a los problemas y ha introducido reformas necesarias. Con esto existe la perspectiva de que saldremos de la crisis con una unión fortalecida, mientras que otros tendrán todavía que enfrentarla.

La crisis de 2008 fue el factor desencadenante de los problemas actuales. Tenemos que ocuparnos de que no se vuelva a repetir. Se han dado pasos importantes,  como por ejemplo el aumento del capital propio de los bancos a través del Acuerdo Basilea III. También el sistema de bonos que incentivaba la toma de riesgos es reformado actualmente con mayor frecuencia. No obstante, todavía queda mucho por hacer hasta que los bancos nuevamente encaucen su atención, desde negocios especulativos hacia una economía real. Y también deben controlarse mucho más los bancos paralelos, los hedgefonds. El sistema financiero internacional tiene que ser reformado si no queremos nuevamente caer en una crisis.

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