Columnistas

Europa en crisis

Los hundidos apelan ahora al popular nacionalismopara mantenerse en el poder

La Razón / Jorge Zapp

23:34 / 06 de abril de 2012

Hace ya más de 20 años, Colombia en la “moda de la descentralización” entregó a las regiones la responsabilidad del suministro de energía eléctrica. Hizo desaparecer la empresa central y cada uno de los 20 departamentos generadores, plenos de euforia, poder y regionalismo aplaudieron el triunfo de sus terruños. Apenas cuatro años después, ese país tuvo que racionar buena parte de la energía; la industria, los hogares, el crecimiento económico y el poder central (Gaviria), pagaron un alto precio por una decisión errada. El óptimo de los elementos no es el óptimo del conjunto, con 70% de generación hidroeléctrica cuasi-gratuita, se vaciaron los embalses en aras del gasto público-populista, y cuando vino la sequía, totalmente esperable, por cierto, Colombia se detuvo. Una hecatombe energética.

A la Europa del euro le ocurre ahora lo mismo; los países entraron alegremente al mundo de ‘Jauja’, dispusieron de movilidad y crédito ilimitados, escondieron hábilmente el compromiso de un déficit inferior al 3% del PIB y se dedicaron a fortalecer gobiernos personalistas, populistas nacionalistas, por ese medio. España reinventó la crisis hipotecaria de los norteamericanos, Berlusconi se fortaleció indefinidamente y cada uno optimizó con dinero ajeno: ¡Su propio patio! Milagros como el portugués o el irlandés fueron publicados como ejemplos de desarrollo y los nuevos países como Hungría remedaron la fiesta colectiva. Inglaterra, como siempre en la historia, se mantuvo alejada.

Con la crisis global se destapó la olla podrida, comenzando por Grecia pero con posibilidades inquietantes en Italia, España, Portugal, Irlanda, Hungría y varios otros países, incluyendo algunos escandinavos con deudas inimaginables. No hay con qué pagar el festival de espuma que han vivido y sólo las economías sólidas como Alemania y en algo Francia, basadas en mercados previamente desarrollados, sobreviven al turbión, y ahora tienen que acudir a su bolsillo para financiar el hundimiento, precisamente de sus mercados locales. Los hundidos apelan ahora al popular-nacionalismo para mantenerse en el poder, buscan culpables como los nazis acusaron en la comunidad judía, y ahora, hasta persiguen inmigrantes y gitanos mientras queman banderas de la UE y de Alemania en Budapest.

Se culpa a Grecia de servir de puerta de entrada de “indeseables”. El gobierno europeo desde Bruselas es informe, casi ningún europeo sabe quién lo representa en el Parlamento Europeo, su presidente portugués es uno de los artífices del hundimiento de su país; la UE se maneja en la práctica, desde Berlín y París. Sarkozy, para salvar su gobierno en la próxima elección, aprovecha políticamente la tragedia de Toulouse y hasta amenaza abandonar el pacto Schengen de visado común para protegerse de la inmigración indeseable. Tienen mucho que aprender de Latinoamérica.

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