Columnistas

Evangelio, inclusión y equidad

La idolatría del dinero se ha convertido en la dictadura de la economía sin un rostro y un objetivo humano

La Razón (Edición Impresa) / Gabriel Loza Tellería

00:20 / 22 de febrero de 2014

El papa Francisco no solo está revolucionando la relación entre Iglesia y sociedad, sino también entre Iglesia, economía y sociedad. Su reciente exhortación apostólica, la alegría del evangelio, me generó una sincera alegría por la manera en que la Iglesia plantea de frente no a una economía de la exclusión, no a la nueva idolatría del dinero, no a un dinero que gobierna en lugar de servir y no a la inequidad que genera violencia.

La exhortación del Papa postula una economía centrada en el ser humano y dice claramente que la exclusión y la inequidad son una “economía que mata”; que el “juego de la competitividad y el de la ley del más fuerte” genera la exclusión y la marginalidad; sostiene que la crisis mundial pone de manifiesto la “grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades de consumo”. También resalta el problema de la desigualdad y el papel del mercado,  criticando a los que todavía, como muchos docentes y economistas, “defienden las teorías del derrame que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad del mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social”.

Justamente la teoría del derrame era uno de los paradigmas del enfoque neoliberal de promover el crecimiento a toda costa, porque sus beneficios también rebalsarían para los pobres, los cuales automáticamente también se beneficiarían. Critica de esta forma al meollo de la economía liberal de que la mano invisible del mercado lleva automáticamente a que el beneficio individual conduzca al bien común.

Así, la exhortación apostólica de Francisco dice que la tendencia a la concentración de las ganancias en una minoría feliz proviene de “ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común”. Tal exhortación es toda una lección sobre el papel del mecanismo “sacralizado” del mercado y la necesidad de la intervención del Estado en la economía. El pensamiento neoliberal ha conducido a establecer una tiranía de los mercados, justamente que es lo que Francisco condena: “Se ha establecido una nueva, invisible y, en ocasiones, virtual tiranía, una que unilateralmente e irremediablemente impone sus propias leyes y reglas”.

El enfoque liberal es un rechazo a la ética, que es mirada con “cierto desprecio burlón porque relativiza el dinero y el poder”. La “idolatría del dinero” se ha convertido en la “dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano” y, termina exhortando, una vuelta de la economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano.

Hubo reacciones airadas al documento del Papa, calificándolo de contrario al capitalismo por parte de los que sustentan la ideología que defiende la autonomía absoluta del mercado, llámense liberales, libertarios o neoliberales. El Sumo Pontífice fue calificado de “marxista” por los neoconservadores norteamericanos, y por supuesto que todos sabemos que el Papa no es marxista. En una entrevista en el diario italiano La Stampa dijo a propósito de estas acusaciones que: “La ideología marxista está equivocada, pero en mi vida he conocido a muchos marxistas buenas personas, por eso no me siento ofendido”.

Esta exhortación evangélica sería recomendable que se lea, difunda y discuta sobre todo en algunas universidades católicas, donde muchos docentes predican la ideología que defiende la autonomía absoluta del mercado y califican a todo enfoque crítico, diferente o alternativo como marxista, trasnochado o antropológico.

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