Columnistas

Evitar ‘desertores’ en la Asamblea

Está demostrado que el mecanismo para castigar el transfugio político no es suficiente

La Razón (Edición Impresa) / Baldwin Montero

02:16 / 04 de febrero de 2014

Ya pasaron 36 días del año, quedan como 250 antes de que los bolivianos acudamos una vez más a las urnas para decidir sobre el futuro político del país y hasta ahora lo único que está claro es que elegiremos entre el dos veces ganador de la Presidencia, Evo Morales, y algunos opositores que en su experiencia electoral no han logrado ni la cuarta parte del respaldo que obtuvo su rival en 2005 y 2009.

Con estos antecedentes no se necesita un título de analista ni experiencia política ni una bola de cristal para pronosticar el resultado de los próximos comicios. Decir que todo apunta a que Morales volverá a la Presidencia no es ni una inclinación ni una afinidad ni un llunkerío, es simplemente sentido común.

Lo que no sabemos es con cuánto ganará y entonces es también sensato pensar, tomando en cuenta el irremediable desgaste político y el alejamiento de sus aliados del Movimiento Sin Miedo,  que probablemente no replique los resultados de sus dos últimas participaciones.

Hay líderes de la oposición que ni siquiera pestañean al pronosticar públicamente su victoria en los comicios de fin de año, pero estoy seguro que ellos también tienen sentido común y que sus cálculos no incluyen derrotar al MAS, sino ampliar su número de representantes en el Legislativo. Pero ojo, incluso ello puede representar una derrota si al final los curules acaban al otro lado del río.

El presidente Evo Morales ha dicho el fin de semana que la oposición, consciente de su derrota en las urnas, alienta  una estrategia electoral para quitarle al MAS el control de las cámaras en la Asamblea Plurinacional. 

Estrategia de perdedores, sin duda, pero a estas alturas  arrebatarle al MAS el control del Legislativo sería una victoria para la oposición. Por el contrario, para el oficialismo la victoria no será solo ganar, sino superar el 64,2% que obtuvo en 2009. El Presidente ha fijado una ambiciosa meta: 74%.

Vale decir que en las elecciones de octubre, oficialistas y opositores buscan victorias cuya celebración apunta al Legislativo y no al Palacio de Gobierno, a no ser que ocurra algo extraordinario que cambie la tendencia.

Por ello, y  en ambos casos, la importancia de la solidez que tengan sus futuras bancadas legislativas, la importancia de saber detectar a los potenciales ‘desertores’, que en los últimos años han incubado infinidad de argumentos para evitar que se les llame tránsfugas.

Algunos arguyen que decidieron alejarse del partido por el que fueron electos porque no se respetaron sus derechos fundamentales y otros acusan al partido de haber cometido transfugio ideológico.  Y hay uninominales que dicen que los electores de su circunscripción votaron por ellos antes que por el partido al que representan, lo que consideran que les da plena autonomía.

No sé realmente cuántos, además de familiares y conocidos, votan por los diputados uninominales exclusivamente y no por el partido por el que postulan, pero se me hace que son los menos.

Por ello, tomando en cuenta la reciente experiencia de los librepensantes, los legisladores ‘sin miedo’ a teñirse de azul y los que dejan a sus compañeros de viaje para ocupar una silla más cómoda, oficialistas y opositores deberían pensar bien a quiénes incluirán en sus listas y así evitar que se juegue con la votación en el Poder Legislativo.

Está demostrado que el mecanismo para castigar el transfugio político no es suficiente para garantizar el respeto al voto y tal vez sería mejor que los ‘desertores” dejen vacantes sus cargos. De seguro que la Asamblea Legislativa seguiría funcionando sin ellos.

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