Columnistas

21-12-12, Evo Kápac

La ‘fiesta espiritual’  actualizará, de manera degradada, el mito de creación del mundo quechua.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar A.

02:36 / 16 de diciembre de 2012

La “fiesta espiritual” (llamada así en la página oficial del evento: 21dediciembre.com), que se realizará en la Isla del Sol la fecha en que los astrónomos mayas dijeron que era el fin de un ciclo, resulta siendo una recreación del mito de creación quechua protagonizado por Manco Kápac y Mama Ocllo.

Me explico, en la medida de sus posibilidades mortales, Evo Morales fungirá de Manco Kápac. Si el semidiós, hijo del sol, nace de la espuma del lago Titicaca, el presidente Morales... pues... mmm... no...; tendrá que ir en una gigantesca embarcación de totora llamada Thunupa. Sin embargo, la interpretación que los organizadores de la fiesta espiritual han dado al 21-12-12 es precisamente la del comienzo de una nueva era de igualdad y bien vivir; es decir la creación de un nuevo mundo. Entonces, no es gratuito que Evo se dirija al lugar del mito de creación quechua, adonde fuera Manco Kápac: la Isla del Sol. Al carecer el origen divino-mítico del padre del Incario, alguien le dijo a Evo que no había problema, que no había nada que un barcote inmenso de totora, que de paso se llame Thunupa, no pueda disimular y que no le iría en zaga al portador de la vara que enterraría en el Cusco.

Por supuesto, la actualización de un mito siempre devendrá en una degradación. En el caso particular de la reinterpretación de la cosmogonía del mundo incaico que se verá el 21-12-12, lo degradado comienza en que en el mito original, dependiendo de la versión oral, tiene al menos tres personajes: los ya mencionados y el padre de éstos, es decir el Sol. Mientras que en la representación plurinacional no sólo que no hay un correspondiente a Mama Ocllo, sino que el dramatis personae se reduce a Evo Morales.

El “fuego sagrado” que acompañará la navegación de Thunupa es un enigma simbólico que parece ser arbitrario al no corresponder en nada con el mito de Manco Kápac. ¿Hay alguna reminiscencia olímpica en la llama?, ¿tal vez una alusión pedrodomingomuríllica?, ¿quién sabe una simbología de aquello que destruye pero también crea al forjar los metales?, ¿o tal vez sólo es una demostración de temeridad, pues mezclar fuego y totora no puede ser una buena idea?

Sin embargo, lo que realmente dará a los ritos el toque de “festividad espiritual” será, sin duda, la cantidad de actos protocolares que van a preceder, continuar y adelantar el mentado cambio de era; es decir, izas de banderas, palabras aquí, palabras allá, himnos acullá y diplomáticos por doquier.

Cuando termine esta pantomima, ojalá que los miembros de organizaciones sociales, de trabajadores, mineros y quienes tengan que ir obligados o por su voluntad, se lleven de la isla hasta el último papelito de basura. Sería vergonzoso que por una dramatización de este tipo se atiborre de desperdicios el lugar, en mi opinión, más hermoso de Bolivia.

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