Columnistas

Evo y el mar

Los actos conmemorativos del Día del Mar pasaron a segundo plano frente a los conflictos sociales

La Razónj / José Gramunt de Moragas

00:04 / 28 de marzo de 2012

Quienes esperaban que, el viernes pasado, en la conmoración del Día del Mar, el Sr. Presidente hiciese algún anuncio importante sobre la controversia marítima con Chile, se quedaron con las ganas. Mientras desfilaban los funcionarios públicos con el puño en alto, el discurso no pasó de los 15 minutos, tiempo inusual en la oratoria presidencial, y su contenido fue la repetición de lo que conviene decir cada año para que no se olvide.

El año pasado sí que el Sr. Presidente nos dio una sorpresa. Cuando se esperaba que en su alocución sobre el Día del Mar dijera algunas palabras sobre los 13 puntos que contenía la negociación bilateral que la Cancillería llevaba a cabo, dizque en un clima de confianza, el Mandatario disparó la noticia de que la cuestión marítima tomaría el rumbo de los tribunales internacionales (sin precisar cuáles). Si vale la expresión, muy a la moda, las negociaciones se judicializaron.

Desde aquel momento, la posición intolerante de Chile se endureció aún más. De la confianza mutua que se trataba de restablecer, se pasó a la vía contenciosa. Lo que significa que, además del ejercicio de la confianza que la Cancillería entonces proponía, tengamos ahora que ejercitar la virtud de la paciencia, pues la vía judicial, según reconoció el propio Mandatario, “es una tarea delicada que requiere tiempo”.

El discurso del Sr. Presidente fue desangelado y relativamente breve, para lo que él acostumbra. Como si quisiera olvidar que se equivocó cuando, el 2011, remitió el conflicto marítimo a “los tribunales internacionales”. La gente común, como el que esto escribe, quisiéramos saber qué han hecho hasta ahora los abogados “que para eso han estudiado”, y en qué etapa se encuentra el papeleo judicial marítimo.

La verdad es que los actos conmemorativos del Día del Mar pasaron a segundo plano frente a los conflictos sociales con los médicos, los bloqueos de los transportistas que tuvieron sitiada a Cochabamba por cuatro días, las ocupaciones de minas, los cogoteros, los linchamientos de la justicia comunitaria, así como la constante preocupación general de que la inseguridad ciudadana va en aumento y sin perspectivas razonables de solución.

Muchos se preguntan si la cuestión marítima le ha quitado alguna vez el sueño al Primer Mandatario del Estado Plurinacional, ocupado como estuvo siempre oteando horizontes más cercanos, tales como las movilizaciones y bloqueos de los campesinos del Chapare, el dulce encanto del poder, el reparto de prebendas y otros divertimientos de tierra adentro, para los que no se requiere el mar.

Lo que sí hizo el Sr. Presidente fue darnos una lección magistral de habilidad política: el recurso a los tribunales internacionales —sentenció— “no debe ser interpretado como un acto inamistoso. Es sólo un mecanismo reconocido entre los Estados para resolver sus diferencias de manera pacífica”. ¿Ah sí? Pues los chilenos lo entendieron de otra manera y por eso su Canciller repitió lo de siempre: que Chile “no tiene ningún problema pendiente con Bolivia”. Y, encima, el mismo Canciller se hizo el magnánimo cuando manifestó su “inalterable disposición al diálogo” con Bolivia. ¿Inalterable? Sólo mientras no se hable de soberanía, que ahí está el meollo de la cuestión. Fue un deslucido Día del Mar.

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