Columnistas

Evo recargado

El MAS que acaba de ganar las elecciones no es ciertamente la misma organización que triunfó en 2005

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Komadina Rimassa

00:02 / 23 de octubre de 2014

Los tiempos están cambiando. El MAS que acaba de ganar las elecciones no es ciertamente la misma organización que triunfó, heroicamente, en 2005; tampoco se parece a ese movimiento entusiasta que apabulló en la contienda de 2009, agitando la bandera de la nueva Constitución. No, el MAS de 2014 es otra cosa, es un artefacto político más complejo, pragmático y astuto, que es una manera más elíptica de decir “conservador”, aunque algunos intelectuales, como Silvia Rivera, prefieren decir simple y llanamente que se ha vuelto un partido de derecha.

En 2005, el MAS era un movimiento político insurgente de base y dirección campesina, articulado con grupos urbanos de clase media, que enarbolaba un discurso antiimperialista y antineoliberal. En 2009, el partido de Evo Morales ascendió a los cielos: el eje de su programa político (el Estado Plurinacional) se convirtió en la nueva lengua política, ocupó el centro del campo político y desplazó con ese programa a las élites neoliberales a los confines del escenario político.  

¿Y ahora? Las visiones sobre el socialismo comunitario, el buen vivir y el autogobierno de los pueblos indígenas han sido abandonadas. Los héroes se cansaron y los burócratas ocuparon su lugar. El programa político ha recuperado los viejos tópicos del capitalismo de Estado: el desarrollo, la integración nacional, la soberanía y el Estado de bienestar. De hecho, las políticas y planes ejecutados en la segunda gestión de gobierno han guardado absoluta coherencia con esas propuestas. Por eso, decir que el voto de 2014 tuvo un sello “anticapitalista” es solo una ocurrencia for export.

Asimismo, con la inclusión de sectores empresariales de oriente y occidente y de importantes grupos de clases medias (entre otros, los profesionales), la base social del MAS se asemeja cada día más a la vieja fórmula de la “alianza de clases”. O mejor: el poder electoral del Presidente se asienta en una coalición de corporaciones sociales con poder económico: campesinos, obreros y empresarios. Esta diversidad se ha reflejado en las listas de candidatos donde cohabitan los “orgánicos” con los “invitados”. Este estilo ha convertido al MAS en un partido “atrapa-todo” o “partido escoba” porque aspira a incluir votantes de distintas clases sociales en detrimento de un perfil ideológico nítido, barre con todo. 

El MAS insurgente se ha transformado en un partido de Estado, sus estructuras organizativas se han fusionado con el aparato estatal, su ideología rebelde y anticapitalista ha hecho las paces con las fuerzas del mercado, los enemigos de ayer ahora son nuestros aliados y candidatos, Percy Fernández por ejemplo. Para afrontar la tercera gestión, Evo ha recargado las alianzas y las ideas. Y todo esto se ha producido sin trauma ni dolor, casi de manera imperceptible.  

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