Columnistas

Evo, el romántico

La idea del ‘buen salvaje’ ha servido para menospreciar las capacidades de los indígenas.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Aguilar A.

00:00 / 27 de octubre de 2013

Tras los lamentables asesinatos en Apolo de miembros de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) ejecutados por ¿campesinos cocaleros?, ¿narcotraficantes extranjeros? o ¿campesinos cocaleros azuzados por narcotraficantes extranjeros?, el presidente Evo Morales dijo: “Eso no es ser el movimiento campesino, el movimiento campesino no hace así”, y también: “Sigo pensando que no es el movimiento campesino, el movimiento campesino se organiza para defender la vida, para mejorar la situación económica”...

Así como todos tenemos en el fondo algo de discriminadores, también todos tenemos cicatrices coloniales en nuestra estructura mental. La declaración del Mandatario pone en evidencia precisamente una construcción colonializada: Evo transfiere la nociva noción de le bon sauvage (el buen salvaje) del romanticismo francés a la del “buen campesino”, que en principio tendría el mismo sostén: quien está en contacto directo con la naturaleza no puede ser malo, sino inocente e ingenuo.

La idea occidental del “buen salvaje” se desarrolló en el siglo XVIII a propósito de los indígenas del continente americano, se explica en extenso en el tratado Emilio, o de la Educación de Jean-Jacques Rousseau. Esta episteme de aproximación a lo indígena es, por supuesto, vertical y tiene matices racistas. El concepto ha sido ampliamente superado hace más de medio siglo por la teoría, aunque lo dicho por el Presidente pone en evidencia que persiste como una estructura mental.

En Bolivia siguió vigente hasta el punto de ser una suerte de “verdad científica” durante el positivismo del liberalismo de principios del siglo XX hasta incluso después de los años 30.

La idea del “buen salvaje” produjo una manera de encarar lo indígena de modo vertical y dañina mediante el paternalismo hacia el originario, el cual encubrió el menosprecio de la clase patronal blancoide hacia los indígenas. Claro, en el paternalismo siempre hay una relación de poder, no es lo mismo ser hijo que padre...

La declaración de Evo deriva así en una subestimación al indígena y al campesino: todos son un pan de Dios, viven libres de pecado, actualizando así el mito adánico en pleno siglo XXI... es decir, no pueden experimentar la condición humana de la crueldad (papitos)...

La descolonización es el reto más importante que se ha trazado el proceso de cambio, más que las nacionalizaciones o la redistribución del excedente, etc. Incluso me animo a decir que si se fracasa en la descolonización, nada ha valido la pena. Habrá que superar esas muecas de supuesta descolonización como cambiar el nombre a una plaza y realmente atacar estructuras coloniales arraigadas en todos nosotros como la construcción del “buen salvaje”.

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