Columnistas

Excepcionalidad boliviana en medio de la crisis

La Razón (Edición Impresa) / Ciudad futura - Horst Grebe López

00:00 / 25 de octubre de 2015

La contratación de una línea de crédito de más de $us 7.000 millones con la China representa sin duda una de las mayores operaciones financieras de la historia del país. Es conveniente, por tanto, hacer algunas consideraciones al respecto.

En primer lugar, esta operación financiera tiene una enorme significación geopolítica, puesto que cambia radicalmente la configuración de la deuda externa de mediano y largo plazo, convirtiendo a la China en el principal acreedor bilateral del país, seguido de lejos por la CAF y el BID, organismos multilaterales a los que a fines de 2014 se adeudaba cerca de $us 1.800 millones y $us 1.500 millones, respectivamente.

De acuerdo con cifras oficiales, el actual nivel de endeudamiento a mediano y largo plazo se ubica en torno a los $us 6.000 millones y representa un 17% del PIB actual. Con la línea de crédito de China este endeudamiento subiría a $us 13.500 millones, determinando a su vez un aumento del coeficiente de endeudamiento de 27% respecto del PIB previsto por las autoridades en un nivel de $us 50.000 millones a comienzos de la próxima década.

En segundo lugar, se afirma que los recursos de dicha operación serían destinados a proyectos de infraestructura y energía eléctrica, cada uno de los cuales se gestionará por separado en términos de sus condiciones, plazos y tasas de interés. Las carreteras, los aeropuertos y las demás obras de infraestructura que se financiarían con dichos créditos responden a una concepción de articulación territorial del país y, con algo de buena voluntad, se podría sostener también que mejorarán la integración física interna de Bolivia y facilitarán la vinculación con las economías vecinas.

Por último, no puede pasarse por alto que este proyecto también forma parte de la estrategia china de ingresar en un espacio estratégico en el centro de América del Sur, como se puede leer en diferentes publicaciones recientes sobre los objetivos que persigue ese país en su relacionamiento con América Latina.

En otro orden de cosas, también se ha anunciado para estos días un encuentro del presidente Morales con inversionistas potenciales en Nueva York, evento que estaría siendo organizado por el diario Financial Times de Londres. El propósito de este evento consistiría en atraer inversiones extranjeras destinadas a alcanzar la mencionada meta de un PIB de $us 50.000 millones a comienzos de la siguiente década, lo que representa un aumento superior al 50%. Tal incremento en seis años implica una tasa media de crecimiento no menor al 7% anual. Conviene tomar en cuenta al respecto que seguimos discutiendo si el país logrará este año superar el 4,5%, y que las previsiones de los organismos especializados para los próximos años no auguran contextos internacionales favorables.

Las diversas perspectivas de análisis coinciden en que la economía internacional ha ingresado en un nuevo ciclo de crecimiento considerablemente inferior al que prevaleció antes de la crisis de 2008. Varias razones explican este cambio de ritmo del crecimiento global, pero en general se menciona al menor crecimiento de China y de las economías emergentes, a la drástica disminución de los precios de las materias primas y a las dificultades económicas que aquejan a la zona del euro. Nos afectan en particular los menores precios de exportación y la recesión en Brasil.

La historia económica contiene suficientes ejemplos de comportamientos excepcionales de economías individuales en medio de ondas recesivas globales. Ocurre, sin embargo, que es difícil identificar los factores excepcionales en nuestro caso. Baste mencionar la anemia de la inversión privada nacional, las distorsiones del mercado laboral y las incertidumbres no resueltas del entorno jurídico prevaleciente.

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