Columnistas

Expoliación y transporte

El vecino quiere dialogar, pero el gerente de la empresa estatal quiere imponer a rajatabla su proyecto

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

03:46 / 07 de julio de 2015

En noviembre de 2012, en un conocido programa de la televisión, y antes de que se plante una torre o se tienda un metro de cable, expresé mi desacuerdo con el proyecto del teleférico para nuestra ciudad. Mis motivos: las prioridades que debe atender un gobierno revolucionario y anticolonial. Mencioné que en un país en vías de desarrollo y con necesidades extremas se debía invertir en temas como infraestructura básica y no gastar, obscenamente, en un perecible medio electromecánico de transporte. Si me daban más tiempo, hubiera incluido las apremiantes necesidades en salud o educación. Pero no me lo dieron. Además, para mi desilusión, días después nadie dijo ni pío.

Han pasado tres años y millones en publicidad para convencernos de lo moderna y maravillosa que es esta ciudad con el susodicho transporte y mi posición sigue siendo la misma. Pero, sectores de la población ya cuestionan este transporte. Una vez construidas las líneas tricolor, el vecino ha visto el resultado y quiere discutir, democráticamente, el proyecto: sus rutas, sus impactos, sus pros y sus contras. El vecino ahora quiere dialogar, pero, por el contrario, el gerente de la empresa estatal quiere imponer a rajatabla su proyecto. Una pésima reacción. Jamás te plantes al frente del poder vecinal paceño, por muy pequeño o grande que éste sea; pero, ya lo dije y lo repito: el poder político nunca entenderá las pulsiones de esta ciudad.

El vecino común, aquel que no politiza el tema, tiene el derecho de definir su futuro urbano. Así fue y será en esta ciudad, participativa y democrática como pocas, pero también arisca como ninguna. Al fin y al cabo, todo se construye con nuestro dinero y en nuestra ciudad. Pero, ¿es realmente nuestra ciudad?

En marzo de este año, en un convenio absurdo, la exautoridad interina municipal entregó para uso y usufructo irrestricto todos los terrenos municipales y públicos a la empresa Mi Teleférico. En otros términos: un funcionario público, es decir, un empleado nuestro, al que pagamos su sueldo y viáticos con nuestra plata, decidió regalar sin nuestro consentimiento a una empresa nuestras calles, avenidas y plazas, y nuestros parques y aires de río.  No los entregó en comodato o en cualquier arreglo contractual, simplemente los cedió. Sea el justificativo que sea, no existe en la historia urbana del planeta semejante cesión gratuita de toda la propiedad colectiva. Una increíble expoliación de nuestro suelo urbano.  

Algún día, todos los responsables tendrán que explicar a la paceñidad sobre este acto: el partido del millonario que nos dejó ese concejal, el partido del oficialismo que se aprovechó del interinato y las autoridades municipales de estos años.

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