Columnistas

Exvinculación 2012

La Razón / Eduardo Schwartzberg

00:00 / 12 de febrero de 2012

En 1874 se realiza una afrenta contra los pueblos indígenas, el presidente Tomás Frías promulga la Ley de Ex- vinculación, aboliendo las tierras comunales en beneficio del Estado. Dicha ley inspirada en ideas liberales de pensadores como Jhon Locke buscó romper con las estructuras organizacionales colectivas basadas en la propiedad de la tierra, para crear un hombre desarraigado que emigre a las ciudades, con el único fin de conformar el ejército de mano obra que requerían las industrias emergentes.

Este proceso histórico, producido en Europa durante el siglo XVIII, en América Latina y en Bolivia fue un fracaso. El despotismo estatal no consolidó este fin porque desde la fundación de la República la economía se sostenía en base al mercado interno de la economía indígena, desde sus estructuras organizacionales precoloniales; además, como consecuencia de la inexistente diversificación industrial. Desde entonces, las reivindicaciones indígenas surgen dentro del contexto de la República; extranjeros en su propia tierra, una nueva colonización disfrazada de igualdad social a partir de la ciudadanía será el proceso dialéctico que constituya la esencia de nuestra propia identidad histórica.

Este año nuevamente el despotismo estatal hace una nueva afrenta a los pueblos indígenas, al tratar de imponer una carretera sin consulta previa aunque así lo dicte la Constitución vigente, (lo que ahora proponen no es una consulta sino una argucia posterior).

La autonomía indígena queda sólo en el discurso y los verdaderos indígenas para el Gobierno son los colonizadores, depredadores de la tierra y de las culturas, a los que denominaron interculturales como una categoría disfraz y que los medios de comunicación asumieron erróneamente.

La conciencia colectiva, producto de la memoria, surge del sacrificio, es por eso que ancianos, mujeres y niños marcharon juntos por el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure, así como también marcharon por la vida y por el territorio en 1991, y como marcharán estos niños y niñas cuando ya hombres y mujeres lo sientan necesario en homenaje de sus padres y abuelos.

La memoria de ese sacrificio será la conciencia que siga encendiendo la lucha por sus derechos y su autodeterminación. De allí la importancia de recordar a aquellos que protagonizaron la Octava Marcha por el TIPNIS, que se inició el pasado 15 agosto en Trinidad y culminó el 19 de octubre en La Paz, el hecho histórico más importante de 2011, última expresión de la lucha indígena, demostrando una vez más que el verdadero proceso de cambio se hace marchando, de a pie, con esfuerzo físico, con sacrificio. Poniendo el pecho a los insultos, a los golpes y en muchos casos a las balas y no desde la burocracia estatal, en el sedentarismo de la oficina vestido de terno y corbata.

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