Columnistas

FAO, 40 años de trabajo en Bolivia

La Razón (Edición Impresa) / Foro - Theodor Friedrich

00:00 / 14 de octubre de 2018

En el desafío de alcanzar la meta Hambre Cero es fundamental comprender que nuestras acciones son nuestro futuro. Éste es el mensaje que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueve el 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación, momento en que además celebra 40 años de trabajo en Bolivia, y renueva su compromiso de contribuir al país para erradicar el hambre, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Desde su instauración en 1978, la FAO ha impulsado acciones para el logro de estos objetivos en coordinación con el Estado de Bolivia, respondiendo a las prioridades del país para eliminar el hambre crónica, la subalimentación (especialmente entre los niños, mujeres y ancianos), las enfermedades relacionadas con la dieta transmisibles y no transmisibles, los obstáculos para la lactancia materna óptima, y el saneamiento inadecuado, la falta de higiene y el agua no potable. Este compromiso ha situado al país entre los más avanzados de la región en cuanto a marco normativo y políticas públicas favorables a la lucha contra el hambre y la pobreza.

Hacia adelante, nuevos desafíos se presentan en la búsqueda de garantizar la seguridad alimentaria de los bolivianos. Uno de ellos es la necesidad de la intensificación sostenible de la producción para alimentar a una población que crece. Esto implicará la promoción en el país de una agricultura sostenible, con tecnificación para alcanzar los más altos niveles productivos. De ello depende la disponibilidad de alimentos para la población y la posibilidad de preservar cultivos ancestrales de alto valor nutritivo.

El escenario global nos desafía también a profundizar el apoyo a las poblaciones más vulnerables frente al cambio climático para la adopción de estrategias que incrementen la resiliencia de los medios de vida de agricultores familiares campesinos. Otro reto es apoyar con mayor fuerza a familias de pueblos indígenas y comunidades locales para que incrementen los volúmenes de su producción agrícola. Una contribución a la lucha contra la pobreza será que las organizaciones económicas de indígenas y productores rurales se establezcan legal y administrativamente y se sientan fortalecidas para hacerse cargo de su autogestión; que cuenten con capacidades para mejorar los sistemas de producción en los diferentes eslabones de la cadena productiva mediante la incorporación y adaptación de tecnologías e innovaciones. Es decir, empoderar a los actores sociales y a las comunidades locales para que sean protagonistas de su propio desarrollo.

En la siguiente década, éstos son algunos de los logros de los que espera dar cuenta la FAO, consciente de que el desafío es colectivo; el Estado, la sociedad civil, la cooperación internacional, productores y todos los actores sociales involucrados en la lucha contra el hambre podemos alcanzar el objetivo Hambre Cero y materializar en la vida de las familias los derechos otorgados por el marco normativo nacional, implementando sistemas agroalimentarios que aporten a la seguridad alimentaria con soberanía, respetando territorialidades, saberes, sistemas, modos y estrategias de vida.

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