Columnistas

Feliz cumpleaños plurinacional

La coordinación con dos importantísimos movimientos sociales ha resultado un verdadero fiasco

La Razón / Rubén Vargas es poeta y periodista.

02:59 / 22 de enero de 2012

El fundamento del Estado Plurinacional proclamado por la nueva Constitución Política del Estado, que hoy sopla su segunda velita, es el reconocimiento de las naciones y pueblos indígenas y/o originarios que habitan el territorio nacional desde tiempos ancestrales. Y de sus derechos, entre ellos al territorio, a la vigencia de sus instituciones propias y a una representación política efectiva.

Ésta última, que se materializa en la conformación de la Asamblea Legislativa Plurinacional, ya ha mostrado hace tiempo las distancias que median entre los postulados y su práctica. La Constitución reconoce 36 pueblos indígenas y/o originarios. Éstos, teóricamente, deberían tener condiciones especiales para lograr una representación política en las instituciones del nuevo Estado. Sin embargo, la nueva legislación electoral, parte de las leyes fundamentales aprobadas para dar inicio a la construcción del Estado Plurinacional, después de un arduo y no muy simpático regateo congresal instituyó apenas siete circunscripciones electorales especiales. Ahí comenzó (y terminó) la transformación de la democracia representativa neoliberal.

En cuanto a la vigencia de las instituciones propias de los pueblos indígenas, la reivindicación más consistente fue, sin duda, el pluralismo jurídico. La Ley de Deslinde Jurisdiccional, que tendría que hacer efectivo ese derecho, está lejos sin embargo de poner en condiciones de igualdad los sistemas de justicia consuetudinarios de los pueblos indígenas con los ejercidos tradicionalmente por el Estado. ¿Habrá necesidad, además, de hablar de la manera cómo se eligieron a las nuevas autoridades del Órgano Judicial Plurinacional? La cantada nueva justicia se parece demasiado a la vieja justicia.  

Finalmente, el asunto del territorio es de lejos el más delicado. El derecho que expresa con plenitud la soberanía de los pueblos indígenas sobre su territorio, base del Estado Plurinacional, es el derecho a la consulta previa. Después del conflicto en torno a la decisión del Gobierno de construir una carretera en el TIPNIS, es innecesario abundar en la manera cómo el Gobierno concibe este asunto. Baste recordar que en los momentos más tensos del conflicto, el presidente Morales negó ser un Presidente indígena.

En estas condiciones, es natural que las expectativas en esta magna fecha de la refundación estatal no estén puestas en el balance, que de todas maneras resulta poco alentador, sino en los cambios de gabinete. Esa es hoy la única dimensión de la política real.

Mientras tanto, ignoro quiénes serán los nuevos ministros, pero muy humildemente me permito sugerir al Primer Mandatario un severo jalón de orejas a su viceministro de Coordinación con los Movimientos Sociales. La coordinación con dos importantísimos movimientos sociales —la marcha de los verdaderos  y auténticos indígenas del TIPNIS y las protestas y bloqueos de los hermanos choferes de La Paz— ha resultado un verdadero fiasco. En el primer caso, resulta que los verdaderos y auténticos indígenas del TIPNIS habían sido en realidad cocaleros afiliados a la Federación que gloriosamente sigue dirigiendo el presidente Morales. En el segundo caso, el brutal bloqueo de calles y la destrucción del patrimonio público de la ciudad de La Paz ejecutados magistralmente por los hermanos choferes contaba, por orden directa de Palacio, con protección policial. El hermano Viceministro de Coordinación tiene que coordinar mejor con los movimientos sociales, no es posible que se hagan pescar tan fácilmente. En todo caso, ¡felicidades!  

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