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Física cuántica y el mundo andino

Según la física cuántica, nada es independiente, todo forma parte de una red, de un sistema

La Razón / Félix Layme Pairunami

00:30 / 25 de septiembre de 2012

La física cuántica empezó con la teoría de Max Planck sobre los cuantos que desarrolló a principios del siglo XX; luego se completó con la teoría de la relatividad de Einstein formulada en 1905. También fue clave el hallazgo de Heisenberg en 1925.

Hace años, Mariana Baptista hizo un excelente trabajo sobre el tema, donde se explica que la física clásica estudia el mundo macroscópico; mientras que la física cuántica analiza los fenómenos microscópicos. “Planck descubrió que la energía tiene una estructura discontinua, lo que causó una verdadera revolución a comienzos del siglo XX, puesto que hasta entonces se creía en un mundo continuo, hecho de relaciones de causa y efecto, y de un tiempo lineal”, dice Baptista.

Es decir, que Planck descubrió que la energía es emitida y absorbida de forma discontinua en paquetes a los que llamó “cuantos de energía”. Esto a su vez le permitió a Einstein descubrir el fotón (que explica la dualidad onda-partícula), avance que transformó radicalmente la manera de entender el funcionamiento del universo.

Dicha dualidad (onda-partícula) y la naturaleza cuántica de la energía son los dos fenómenos más revolucionarios de la física cuántica. Y claro, con tantos experimentos que Einstein y otros físicos desarrollaron durante la primera mitad del siglo XX lograron establecer la composición de la luz. Revelaron que la luz está formada no sólo de ondas sino también de partículas, y que ambos aspectos son complementarios y esenciales para entender su naturaleza. Dos es uno, y viceversa, esto es la unión de opuestos y éste es uno de los principios y paradigmas andinos de antigua data.

Baptista señala que la luz se “comporta” como onda o como partícula, dependiendo de qué experimento se hace para medirla, ya sea con fotones o con rayos X. Es decir que la conducta de ondas y de partículas no son propiedades específicas y propias de la luz, sino de nuestra interacción con la luz. Esto significa que su conducta dual es una propiedad de las interacciones. Y continúa: “Por lo tanto, sin nosotros para observarla, la luz no existe; así como tampoco existe el tiempo-espacio. Pero esta increíble conclusión es apenas la mitad de la historia. La otra mitad es que sin la luz o cualquier otra cosa con la que interactuemos nosotros no existimos!”.

Desde esta perspectiva se puede concluir que el mundo no está hecho de individuos sino de interacciones. De acuerdo con la física cuántica, nada es independiente ni autónomo, todo forma parte de una red, un sistema. Dice que: “La física cuántica ha descubierto lo que el budismo y el empirismo han sostenido por miles de años: que la división entre sujeto y objeto es imposible, y que no se puede hablar de una realidad independiente del observador”. En las perspectivas aymara y quechua el sujeto y objeto van siempre juntos en las oraciones; es decir, prima el orden sujeto-objeto y verbo.

Heisenberg demostró que en el nivel subatómico no hay ciencia exacta, allí todo se vuelve borroso o difuso, y no hay forma de medir con precisión la posición y la velocidad de una particular en movimiento. Por eso la lógica andina es trivalente, y ésta no dista de la actual lógica difusa. En la física cuántica, el observador y lo observado están interrelacionados en un sentido real y fundamental. Dentro de esta interrelación hay evidencias de que las fronteras son sólo una ilusión. Ken Wilber dice que la física cuántica proclama, en una palabra, que la realidad no puede ser considerada más que como una unión de opuestos. Obvio.

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