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Fondo del pozo

Es en esos momentos cuando necesitamos una mano que nos ayude a escalar hacia la salida.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

00:00 / 10 de septiembre de 2016

Metafóricamente expresamos que se cayó en el fondo del pozo, siguiendo de ello que la situación no puede deteriorarse aún más, sino, por el contrario, como por una especie de efecto rebote comenzará su recuperación. La realidad nos ha demostrado que no necesariamente todos los pozos tienen fondo, es decir que, en muchos casos existirá siempre la posibilidad de estar peor.

En sentido figurado, el encontrarse en el fondo del pozo es enfrentar una situación con problemas no resueltos, problemas sobre los cuales parece que no tenemos la capacidad material o emocional para enfrentarlos. Es en esos momentos cuando necesitamos una mano bondadosa que nos ayude a escalar hacia la salida o, como coloquialmente se expresa, una luz que nos indique la salida del túnel.

Una de las historias más reveladoras de salir del fondo del pozo la encontramos en la vida de Agustín de Hipona o San Agustín, relatada en su libro Confesiones, donde se castiga página tras página por sentirse como el más vil esclavo de las bajas pasiones.

Agustín, sentado en el jardín de su residencia en Milán, se sentía en el fondo del pozo y sin esperanza de encontrar una luz que le pueda iluminar para encontrar la salida, cuando de pronto escuchó la voz de un niña que le repetía: “Toma y lee”. A pesar de que Agustín se encontraba en medio de su mayor tribulación, interpretó aquella voz como una señal divina, como un hilo de esperanza, por lo que apresuradamente tomó la Biblia y leyó en la primera página que fortuitamente abrió: “Nada de comilonas y borracheras; nada de lujurias y desenfrenos; nada de rivalidades y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo y no andéis tratando de satisfacer las malas inclinaciones de la naturaleza humana”. En ese preciso instante cambió su vida, la oscuridad del fondo del pozo se convirtió en una luz que no solamente iluminó su vida, sino que iluminó el desarrollo de la filosofía que también había caído en una especie de sopor desde la muerte de Aristóteles.

La lectura  de los versículos de la Epístola a los Romanos, anotada en el párrafo anterior, no solamente tiene la característica de responder adecuadamente a la desesperanza por la que transitaba Agustín, sino que proviene de Pablo de Tarso, quien también pasó por un momento de conversión después de haber caído al fondo del pozo. La conversión de Agustín a través de las palabras de Pablo tuvo una gran influencia en el posterior desarrollo de la filosofía cristiana, entre las que destaca la concepción y comprensión de la Iglesia como el cuerpo místico de Cristo.

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