Columnistas

Formación deficiente

La enseñanza superior aún se limita al dictado de temas o la repetición de tópicos preestablecidos

La Razón / Luis Kushner

00:33 / 25 de enero de 2012

Escribir no es una de las grandes virtudes de los profesionales bolivianos. Son muy pocos los investigadores nacionales que publican sus descubrimientos, estudios u opiniones para el beneficio de otros colegas y de la población en general. La carencia de libros especializados en las distintas áreas es sorprendente. Ni el boom de las universidades privadas, el incremento de centros de estudios técnicos y de posgrados o las ferias del libro han motivado a los profesionales a escribir libros, artículos y boletines con una frecuencia mayor a la que existía antes de la irrupción de estos fenómenos culturales y comerciales.

Esta deficiencia se origina desde las escuelas y colegios, donde no se estimula de manera constante y dirigida a la lectura y la escritura. Deficiencias que persisten en la etapa universitaria, donde el “nuevo estudiante”, con la esperanza de que “los libros sean de alasitas”, demanda todo el material para estudiar, que es lo justo y necesario para cultivar su mediocridad. La discusión en las aulas sobre temas técnico-académicos es otro defecto de la educación superior. La enseñanza aún se limita al dictado de temas o la repetición de tópicos. Y justamente ahí es donde la creatividad se estanca, y el universo de literatura especializada sólo llega empaquetado desde otras latitudes, sin que se pueda objetar o comparar con el saber local.

Creo que una de las misiones más importantes para revolucionar la educación universitaria es incentivar la elaboración de conocimientos en todos los ámbitos, y derivar recursos económicos para la promoción de autores bolivianos en todas las áreas del saber. Las excusas no son válidas a la hora de emprender ambiciosas investigaciones. Los centros universitarios tienen la obligación moral de ofrecer a la sociedad local producción académica ilimitada.

A principios de año, a través de los diferentes medios, se observan propagandas para inducir a los padres de familia a inscribir a sus hijos en uno u otro centro de estudios. En este sentido, se ofrecen precios reducidos, becas a más o menos estudiantes, y un gran abanico de profesiones novedosas. A esto llamo yo venta de ilusiones. Sin embargo, ningún establecimiento hace hincapié respecto “a lo que su hijo producirá”. Tampoco se explica qué se le exigirá en caso de que forme parte de esa casa de estudios ni qué propondrá a la sociedad una vez que termine su formación.

La publicidad se basa en los beneficios a corto plazo, enfocados en intereses particulares dirigidos al alumno, no así en la misión explícita con la sociedad. Hoy en día, completar una carrera no es suficiente. Se requiere producción nacional de alto nivel, literatura que describa los potenciales investigativos del profesional para beneficio de todos; y lo que es más importante, un legado escrito para las nuevas generaciones.

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