Columnistas

Foucault

Foucault jugaba a la indefinición, jugaba a fluir sin dejar opción a calificarlo, a situarlo

La Razón (Edición Impresa) / Pensar - Farit Rojas Tudela

01:30 / 03 de marzo de 2014

He titulado esta columna, que gentilmente me ofrece La Razón, con la palabra “pensar”. Lo hice hace más de un año como un homenaje a Michel Foucault, quien sido uno de los pensadores más importantes del siglo XX; y aunque creo imposible reseñar en una columna tan corta la matriz de su pensamiento, tomaré el riesgo. Antes debo advertir al lector que este intento está destinado al fracaso, porque Foucault nunca estaba aquí o allá, como para definirlo, nunca terminaba sus investigaciones como las había anunciado, nunca tuvo problemas en contradecirse. Jugaba justamente a la indefinición, jugaba a fluir sin dejar opción a calificarlo, a situarlo. Él mismo bromeaba con todos aquellos que trataban de localizarlo.

Cuando a Foucault le preguntaron, ¿cómo quisiera que se lo llame, filósofo, historiador, pensador?, respondió: soy una artificero, fabrico algo que sirve para hacer un cerco, una guerra, una destrucción. El intelectual francés señalaba que nunca había que dar nada por definitivo, nada por sentado; y que cuando nos empezábamos a instalar cómodamente en la seguridad de una certeza, de una verdad, de que algo estaba claro, seguro y evidente, ése era precisamente el momento en el que nuestra capacidad de pensar estaba corriendo mayor peligro. No pensar suponía tener certezas, pues lo propio del pensamiento vivo es cambiar de pensamiento. Las personas tienden a abrazar una verdad cuando se cansan de pensar. Cansarse de pensar pasa por conformarse con la versión de la verdad que uno tiene, y creerla férreamente. Esta invitación a pensar, a tomar los saberes como cajas de herramientas, es lo que lo llevó varias veces a cambiar de proyectos en el desarrollo de su filosofía.

Foucault cuestiona lo evidente partiendo por cuestionarse a sí mismo. Toda su vida, todas sus obras parten de una interrogación constante. No debería sorprendernos, por ejemplo, la manera en la que termina el libro Vigilar y Castigar, con un pie de página que señala que ya dijo lo suficiente para iniciar el debate. No debería sorprendernos que anunciara una Historia de la sexualidad de casi nueve tomos y luego culmine solo con tres (y un cuarto volumen que está aún inédito).

Se dice que en los últimos minutos de vida lo escucharon exclamar: ¡Por fin!... Por fin el descanso… nunca más escribir. Y es que a Foucault le sucedía lo contrario del bloqueo del escritor: la compulsión de escribir; como señala Kierkeggard, el verdadero horror es la inmortalidad, el que nunca termine, y Foucault estaba equivocado, pues después de su muerte siguió escribiendo. Siguen apareciendo nuevos libros: cursos, conferencias, entrevistas y tal vez dentro de poco su correspondencia. La proliferación de sus obras confirma esta imposibilidad de resumirlo, solo se puede decir que él nos convoca a pensar.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia