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Fracturas

Una democracia donde un grupo puede imponerse por un voto al otro está condenada al fracaso

La Razón (Edición Impresa) / José Ignacio Torreblanca

00:29 / 10 de octubre de 2015

La ciencia política no es una ciencia exacta, pero los politólogos sabemos algunas cosas. Sabemos, por ejemplo, que cuando en una sociedad todas las fracturas se solapan, el conflicto es muy difícil de evitar. ¿Qué significa esto? La identidad política resulta de una amalgama de componentes: la edad, el género, el nivel de estudios, la ideología, la clase social, el hábitat, la lengua materna, la religión, el grupo étnico o la identificación nacional. Esa pluralidad permite que las preferencias políticas de los ciudadanos puedan coincidir en unas dimensiones y divergir en otras: en un país cualquiera, un joven de izquierdas y uno de derechas tendrán preferencias muy parecidas respecto a las políticas de empleo, los jubilados coincidirán en muchas cosas a pesar de que hablen lenguas distintas y las mujeres apoyarán la igualdad salarial con los hombres independientemente de su nivel de estudios.

Sabemos que el entrecruzamiento de preferencias hace posible una democracia plural y vibrante. Y sabemos que cuando esas divisiones se solapan, el conflicto está servido. Imaginen una sociedad donde la mitad de la población esté formada por católicos que hablen la misma lengua, sean pobres, tengan pocos estudios y vivan en el sur de ese país; y la otra mitad, por protestantes ricos que hablen una lengua distinta y vivan en el norte. ¿Qué hay que hacer para preservar la democracia y evitar el conflicto en una sociedad así? Lo primero es renunciar al uso de la mayoría simple para dirimir las diferencias, porque una democracia donde un grupo puede imponerse por un voto al otro es una democracia condenada al fracaso. Los politólogos proponen que en casos así se sustituya la democracia mayoritaria por una democracia de consenso, donde las decisiones, para ser democráticas y legítimas, sean aceptadas por una mayoría concurrente dentro de cada bloque, es decir, por una doble mayoría.

También recomiendan que los gobiernos sean de coalición e incluyentes para ambos grupos. Suiza o los Países Bajos (Holanda) nos ofrecen ejemplos exitosos de democracias plurinacionales o consociativas. Cataluña, por el contrario, se parece cada vez más a una sociedad dividida en dos en la que la mayoría no resuelve, sino que agrava las fracturas. Pensemos un poco sobre ello.

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