Columnistas

Francia, capital Beirut

La civilización latina y cristiana protagonizó una campaña terrorista para retomar Tierra Santa

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Carlos Ruiz De la Quintana

00:13 / 19 de noviembre de 2015

En 1991 Estados Unidos llevó a cabo la operación militar Tormenta del Desierto. El entonces presidente George Bush, padre, lideró una coalición de 34 países para evitar la anexión de Kuwait por parte de Irak. La guerra la vimos todos por televisión y pronto entendimos que lo que estaba en juego era el control sobre el petróleo del Medio Oriente. Kuwait posee la quinta mayor reserva de crudo del mundo, acceso privilegiado al Golfo Pérsico y, como socio importante de occidente, su filosofía económica es fuertemente liberal. La guerra redefinió la geopolítica internacional.

En septiembre de 2001 en grupo terrorista Al Qaeda secuestró aviones y atentó varios objetivos en Estados Unidos. Dos aviones impactaron contra las Torres Gemelas en Nueva York provocando miles de pérdidas humanas. El presidente George W. Bush, hijo, explicaba así lo sucedido: “enemigos de la libertad cometieron un acto de guerra contra nuestro país.” Y lanzaba al mundo una amenaza: “Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas.”

Dos años más tarde se llevó a cabo la invasión de Irak acusando a su gobierno de poseer armas de destrucción masiva. Poco después todos nos enteramos de la verdad. En noviembre de 2015, el grupo terrorista Estado Islámico ataca y mata a cientos de civiles en el corazón de Europa. El presidente François Hollande se pronuncia sobre lo ocurrido: “Lo que pasó ayer en París y Saint-Denis fue un acto de guerra y delante de la guerra el país debe tomar decisiones apropiadas.”

Desde España, el presidente Rajoy se solidarizaba con el pueblo francés y profería la siguiente sentencia: “No estamos ante una guerra de religiones, sino ante una lucha entre civilización y barbarie. Todos los seres humanos que defendemos la vida, la libertad y las sociedades abiertas nos sentimos golpeados y amenazados por quienes quieren acabar ese modo de vida que hemos construido a lo largo de siglos de progreso y de civilización.”

El mismo día en Beirut 44 personas mueren por atentados perpetrados por seguidores del mismo grupo terrorista que atacó París. Todos los medios de información ponen sus ojos en un solo lugar. Los mass media nos saturan hasta el cansancio con el llanto y el dolor de la “civilización”. Lo que pasa en Beirut a nadie le importa. Lo que ocurre diariamente en Siria, Irak, Afganistán o Palestina no tiene que preocuparnos, porque aquellos rincones oscuros del mundo son parte de la barbarie. Los enemigos de la libertad son los patrocinadores de una escenografía maniquea. Ellos y sus territorios son la encarnación del mal. Por eso, la civilización a través de sus aparatos comunicacionales nos dice: “están con nosotros o están con los terroristas.”

Habría que recordarle a la civilización latina y cristiana que fueron ellos los que protagonizaron por casi 200 años una campaña terrorista sobre el mundo oriental, so pretexto de retomar el control de Tierra Santa. No estaría demás comentarles a los paladines de la libertad que el colonialismo europeo atacó, exterminó, explotó y sometió a miles de pueblos en América, África y Asia durante cuatro siglos. Sería una gran cosa decirles a aquellas naciones prototipos de la humanidad verdadera, que las dos guerras mundiales tuvieron como epicentro el subcontinente europeo. Quienes se rasgan el pecho por actos dinamiteros, no olviden que las bombas atómicas que aniquilaron por miles a civiles inocentes en Japón fueron lanzadas para proteger la libertad y el progreso.

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