Columnistas

Francia y sus molestias

6,5 millones de franceses votaron por un partido xenófobo, ultraderechista y antieuropeo

La Razón / Jorge Komadina Rimassa

01:07 / 26 de abril de 2012

Una caja de Pandora. Esta es la única expresión que encuentro para calificar la elección presidencial francesa. No obstante, la sorpresa de la primera vuelta no fue ni la ola de votos anti-Sarkozy ni la modesta pero importante victoria del candidato socialista. Tampoco la imprevisible participación del 80% de los electores inscritos, un dato extraordinario, en un país marcado desde hace décadas por una desafección electoral creciente.  

No, el dato novedoso, el dato que perturba, es la insidiosa emergencia del voto obtenido por Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional (FN), hija y heredera política e ideológica del histórico líder ultraderechista Jean-Marie Le Pen. Con cerca del 18% de los votos, el FN logró ocupar la tercera casilla: 6,5 millones de franceses (uno de cada cinco electores) votaron por un partido xenófobo, ultraderechista y antieuropeo.

Esa cifra es aún más alarmante si se considera el arraigo territorial y la composición social del voto “lepenista”. Por una parte, los datos muestran que el voto por el FN ha cruzado las fronteras de sus enclaves tradicionales, las llamadas “zonas desindustrializadas” del Norte y del Este, para expandirse hacia las regiones agrícolas, que incluyen los departamentos del Mediterráneo y del Oeste. La votación Bleu Marine se ha irradiado en todo el territorio francés.

Por otra parte, por su composición social, se trata de un voto popular porque ha logrado la adhesión preferente de obreros, pequeños empleados, campesinos, artesanos, jóvenes de barrios periféricos y jubilados. Estos grupos sociales, los “invisibles”, han vivido los últimos años bajo el signo del miedo, el desamparo y la incertidumbre, el caldo de cultivo de la ultraderecha. Se trata, asimismo, de una expresión de cólera que ha encontrado una forma política en la denuncia radical de las elites y en la exaltación del “pueblo”. No en vano el FN se mira a sí mismo como una fuerza antisistema. 

Todavía es temprano para evaluar los impactos de este tsunami, pero es evidente que ha trastornado la agenda política, priorizando temas candentes como el rol que debe jugar Francia en la comunidad europea. El voto del 22 de abril ha visibilizado un fuerte sentimiento antieuropeo: Europa es el origen del malestar económico, social y cultural de los franceses, Europa vulnera la soberanía nacional. Europa, el chivo expiatorio. Este descontento se ha vigorizado con denuncias sobre la “inseguridad cultural”, supuestamente provocada por los emigrantes de confesión musulmana cuyo modo de vida es una amenaza para la identidad francesa. El extranjero, el bárbaro: éstos son los fantasmas que han escapado del ánfora abierta por Marine. ¿Podrá la izquierda cerrarla antes de que sea tarde? 

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