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Funesta megacoalición
Está demostrado que las megacoaliciones son la mayor desgracia para Bolivia
La Razón / Tomás Molina Céspedes
01:27 / 01 de febrero de 2013
El reciente triunfo electoral del Frente Amplio en el Beni, una megacoalición conformada por Unidad Nacional, Primero el Beni, MNR, ADN, NFR y Verdes, proyecta negros nubarrones en el horizonte de ese hermano departamento digno de mejor suerte. Un himno cívico le dice a Bolivia: “Beni guarda tu hermoso futuro” y nadie sabe cuándo la Patria toda disfrutará de esas riquezas guardadas. Pareciera que la fortuna tardará en llegar al Beni, que un sino misterioso y maligno se ensaña en perjudicarlo. Se quiere construir una carretera que la una al resto del país y saltan intereses perversos que se oponen a tan magno proyecto integrador; se convoca a elecciones para la Gobernación y pierde, por escaso margen, la fórmula única e integradora frente a una megacoalición de partidos.
Está demostrado, con dolorosas experiencias, que las megacoaliciones son la mayor desgracia para Bolivia. Quienes llegan al Gobierno en grupo más se preocupan de luchar por cuotas de poder que de trabajar por el país. Las peleas por “pegas” e intereses partidarios al interior de las megacoaliciones son feroces, alevosas y continuas. Para la aprobación de cualquier proyecto, obra o ley, los partidos de las megacoaliciones primero exigen el cumplimiento de sus condiciones, su interés sectario siempre se sobrepone al interés general. Ahí tenemos el triste recuerdo de la UDP, uno de los gobiernos más caóticos y desastrosos de nuestra historia, conformada principalmente por el MNRI, MIR, PCB, PDC y otros. Las peleas entre el Presidente y su Vicepresidente, provenientes de diferentes partidos, era constante y salvaje; las disputas entre ministros de diversos partidos de esa coalición, por cuotas de poder, era permanente, mientras la hiperinflación nos devoraba y el país se iba a pique.
La mayor megacoalición de nuestra historia, formada por Banzer en 1997, compuesta por ADN, MIR, Condepa, NFR, UCS, FSB y PDC, más el apoyo de Lechín, fue otro desastre para Bolivia, porque sus miembros lejos de hacer gestión se peleaban todo el tiempo por cuotas de poder, mientras el país en aquel tiempo era el segundo más pobre del continente y el segundo más corrupto del mundo por el florecimiento de la corrupción, el meganepotismo, el contrabando, el narcotráfico y la escandalosa enajenación de las tierras fiscales.
La llamada democracia pactada, expresada en coaliciones espurias, llamadas “Unidad Democrática Popular”, “Pacto por la Democracia”, “Acuerdo Patriótico”, “Acuerdo por Bolivia”, etc., fueron un desastre para el interés nacional. Por eso no creemos que el destino de la megacoalición del Beni sea distinto a las del pasado. Es muy posible que luego de la posesión del nuevo gobernador, el próximo 1 de marzo comience la gran batalla por pegas y cuotas de poder entre los socios que se unieron para gobernar el Beni.
Después de una década revive una megacoalición y el pueblo boliviano en su conjunto ahora podrá conocer, de manera objetiva y directa, si sus miembros esta vez son capaces de luchar primero por el Beni o por sus intereses particulares.
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