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Ganar 10 minutos

La lectura implica otras actividades más perturbadoras para la ignorancia como es el descubrir el mundo

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:53 / 04 de febrero de 2016

Quienes prefieren alumnos dóciles en el aula —ovejitas obedientes que no piensen, que no cuestionen, que solo repitan lo que se les dice, que escriban solamente lo que se les dicta, incapaces de crear, dispuestas únicamente a copiar— están muy incómodos con la Resolución 001/2016 del Ministerio de Educación, que establece la lectura comprensiva obligatoria de 10 minutos al inicio de la jornada escolar. No se guardaron su descontento al argüir que esta medida “no considera el perjuicio para el alumno en el avance de materia”, como señaló un dirigente del magisterio urbano de El Alto.

El mismo artículo 89 de dicha resolución señala, en su segundo inciso, que “paralelamente a la actividad cotidiana de la lectura comprensiva se desarrollarán procesos de producción de textos narrativos, descriptivos, argumentativos e instructivos como resultado de las actividades de análisis, crítica y reflexión de la lectura”. Este es el complemento para advertir si la lectura fue comprendida y para desplegar la creatividad de niños, niñas y adolescentes, porque significa desarrollar el arte de escribir, de reflejar en un texto lo que se ha entendido, lo que se ha aprendido.

La tercera disposición del mismo artículo determina que “estas actividades culminarán en concursos, festivales y ferias culturales organizadas por los directores de unidades educativas de manera participativa con las madres y padres de familia”. Son tres pasos que no dejan a la lectura como una actividad aislada. Luego de leer se debe expresar por escrito u oralmente lo comprendido; y como tercera actividad, fruto de la lectura se desarrollarán otras actividades que permitan visualizar la aplicación o la profundización de lo aprendido.

Esta labor a realizarse en el aula no tendrá el impacto que merece si en la casa no se fomenta la lectura, si los estudiantes no ven que sus padres leen, si en el ámbito familiar no se comenta el contenido de algún libro, si no hay interés por saber lo que leen sus hijos, si no permiten que les cuenten sobre los libros que les atraen o por qué no les gusta leer.

Expuestas estas ideas, nuestras preguntas son: ¿qué leerán en las aulas? ¿Quién determina las lecturas? Se entiende que es más fácil cumplir con esta disposición en las materias de Historia, Lenguaje, Literatura, Filosofía, pero ¿qué pasa con Matemáticas, Física, Química?

Leer implica entretenerse, distraerse, divertirse, pero la lectura comprende otras actividades más perturbadoras para la ignorancia como es el descubrir el mundo, despertar la imaginación, aprender a pensar, cuestionar lo establecido, debatir con argumentos, adquirir nuevos conocimientos, ponerse alas y aprender a volar.

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