Columnistas

Garganta Profunda

Para el poder, descubrir la fuente de información se constituye en una obsesión.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:00 / 12 de mayo de 2014

Recuerdan ustedes la película clásica All the President's Men. En 1976, Alan J. Pakula cuenta la historia de dos intrépidos reporteros del Washington Post que se atrevieron a desafiar el poder de la Casa Blanca en un caso que hoy se conoce como Watergate. Uno de los ejes del relato se centra en los esfuerzos de los protagonistas por ocultar la identidad de sus confidentes, en especial de Garganta Profunda, la fuente clave de toda la trama.

Estos días, el Procurador nos ha procurado un remake a la boliviana que promete ser un éxito de taquilla. Un joven periodista de La Razón, Ricardo Aguilar Agramont, realizó una investigación sobre la demanda marítima boliviana. No se conformó (como lo debe preferir el Procurador) con transcribir las notas de prensa de la Cancillería, o ir a la plaza Murillo a pescar una fuente oficial presta a dar declaraciones. El periodista, creyendo en eso de la libertad de expresión y convencido de que no hay democracia sin esa libertad, hizo aquello para lo que le pagan: periodismo.

Para el poder —representado en la película por oscuros hombres de terno azul— descubrir la fuente de información se constituye en una obsesión. En el guión boliviano se utiliza la acusación penal de “espionaje”, “revelar secretos” y “complicidad” para ejercer matonaje, amedrentar al periodista y al medio de comunicación. Para los héroes de la cinta cinematográfica, proteger el secreto de fuente es la esencia misma de su oficio y, si no lo hacen, violan los principios fundamentales del periodismo.

Volviendo al caso boliviano, nos informamos que ocurre un hecho insólito en el sistema judicial del país. La denuncia fue presentada por el Procurador el 22 de abril; el fiscal de materia, Facundo Coronel Choque, se pronunció transcurridos tres días, y el juez de Instrucción en lo Penal, Jhonny Machicado Apaza, lo hizo en dos días hábiles. Los imputados, sin derecho a la defensa, fueron informados siete días después del extraño proceso. Desde la denuncia del caso a la resolución han transcurrido 12 días hábiles. ¿Saben ustedes cuánto le demora a una mujer violada y asesinada recibir justicia? ¡Un poco de vergüenza señores jueces y fiscales!

Pero volvamos a la cinta que nos ocupa y que fue calificada como “un reflejo de la corrupción del poder”. Esta película es un excelente estudio sobre la ética del periodista. Yo la vi cuando era joven y por supuesto inmediatamente me enamoré de Bob Woodward (Robert Redford) y Carl Bernstein (Dustin Hoffman). Dos jóvenes periodistas que, como el pequeño David, enfrentan a la maquinaria política del poder, el gran Goliat. Y, por supuesto, cómo no odiar a quienes utilizan sus privilegios e influencia en contra de la verdad y la justicia. ¿No les recuerda esto la estructura narrativa del caso TIPNIS?

El cine es fantástico para entender cómo se mueven las emociones sociales. Recomiendo al Procurador, ya que no tuvo acceso a la Ley de Imprenta, se procure por lo menos esta película para comprender el oficio del periodismo. Y así tal vez comprenda, como en el caso del TIPNIS, cómo se puede ganar una batalla y perder la guerra cuando está en juego la opinión pública.

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