Columnistas

Gaza en las redes

Gaza se ha puesto en la mesa de debate una vez más, y una vez más es de una manera dramática

La Razón (Edición Impresa) / Eliana Quiroz

01:24 / 28 de julio de 2014

Gaza se ha puesto en la mesa de debate una vez más, y una vez más es de una manera dramática. Quiero tomar este caso para hablar acerca de la libertad de expresión, pero antes quiero poner en claro que comparto la desaprobación por tantas muertes innecesarias y por la posición indolente de varios de actores aunque se declaren compungidos: Hamas, Israel, Egipto, ONU, entre otros.

Una entre varias diferencias, esta vez, es el apoyo en las redes sociales a la causa Palestina (el apoyo a la posición israelí es menor, al menos en las redes sociales bolivianas). Antes, el debate y las opiniones en internet se daban a través de blogs, pero su uso no era tan extendido como lo es ahora Facebook (casi 3 millones de cuentas bolivianas en esa red social), y eso da lugar a que más gente se exprese, algunos bien informados; otros, con alguna información; y la mayoría, desinformados.

En estos días he leído la posición de varios analistas en sentido de que la gente poco informada no debería opinar acerca de este problema tan complejo. Esa posición no solo aparece en este caso, la escuchamos con relación a toda clase de temas como la salud pública, los problemas de tránsito, la necesaria infraestructura para tener internet de calidad en Bolivia, entre varios otros. ¿Tenemos derecho de juzgar quién puede opinar y quién no? ¿Estamos cualificando la libertad de expresión? ¿Es decir, restringiendo su ejercicio?

La posición políticamente correcta es que cualquier ser humano debería poderse expresar acerca de cualquier materia. Eso crea un problema. No hay tiempo suficiente para que todos nos expresemos y tampoco interés para escuchar y procesar todo lo que todos queremos decir. Se crea una paradoja: no se puede restringir la libertad de expresión, aunque, de hecho, es imposible que la practiquemos todos. La forma en que esto se resuelve es que la cualificación de la participación en la opinión pública se da de manera “natural”, es decir, ya hemos naturalizado esa cualificación. Las redes sociales quiebran esta dinámica restrictiva, al menos en parte, y como resultado, aunque estamos de acuerdo con el principio, no nos gusta mucho el resultado. Se ve desordenado, poco pulcro.

Esto muestra cómo la opinión pública dista de ser racional y plural (algo que ya sabíamos), y que las redes sociales hacen poco para ayudar a mejorar esa situación, pero que parecen ayudar en el incremento de la pluralidad de voces. No quiero decir con esto que todo lo que se dice en las redes sociales esté bien a nombre de la libertad de expresión, pero en este caso apoyo el derecho de los internautas a expresarse con un clic o algo más que eso, y de esa forma incluirse en la formación de opinión pública.

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