Columnistas

Glamour y realidad

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:18 / 09 de noviembre de 2017

Mis medidas son 2.202 casos por feminicidios reportados en los últimos nueve años en mi país”... fue la presentación de una de las aspirantes a Miss Perú; un certamen generalmente plagado de vanidad, donde abunda la superficialidad y la ausencia de pensamiento, pero que este año se convirtió en un acto de denuncia sobre la violencia contra las mujeres, los golpes, las violaciones, las muertes en manos de sus parejas.

Las cifras de espanto se fueron dando una a una, ciudad por ciudad, contrastando con la belleza física y la elegancia que envolvía a cada una de las concursantes. Era de no creer. La primera reacción fue de sorpresa, luego de indignación y rebeldía frente a la información de horror y muerte. Estos concursos habitualmente tienen como seguidores a un público no convencido de lo grave que es la violencia contra las mujeres, las aspirantes a reinas tampoco suelen ser activistas por los derechos de sus congéneres, por ese viejo prejuicio de que para feminista, la fea; y para tonta, la bonita.

La segunda sorpresa, en menos de una semana, la dio la señorita Chile, Valentina Schnitzer, quien respaldó la demanda marítima de Bolivia afirmando: “Creo que ustedes tienen que saber que el pueblo chileno está con Bolivia, estamos con ustedes, queremos que sigan luchando por sus derechos. El mar le pertenece a Bolivia”. Por supuesto que sus palabras ocasionaron muchísimas reacciones en Chile contra Valentina, pero como su nombre lo indica, valientemente dijo que no se arrepiente, se mantiene en su posición, agregó con aplomo que espera que sus palabras sirvan para abrir “una pequeña ventanita al diálogo”.

Acostumbrados como estamos a que las bellas participantes sean solo bellas, atentos aguardamos que su participación sea un buen chiste para las redes sociales o sirva para que, comparativamente hablando, nos vanagloriemos de nuestros conocimientos frente a su tremenda ignorancia. Por estas razones todavía nos preguntamos si esta vez el despliegue de datos y respuestas son solo estrategias de marketing para llamar la atención. En el caso de las mises de Perú, ¿hay una verdadera intención de denunciar? ¿La señorita Chile de verdad está comprometida con la causa boliviana?

No hay respuestas, tampoco importan mucho. Queda la confiada y porfiada esperanza de que ambas demostraciones contribuyan para cambiar la situación de violencia de tantas niñas y mujeres, y que el diálogo prime entre Bolivia y Chile. Son pensamientos, reacciones alrededor de la sorpresa que causó escuchar palabras distintas aunque solo hubiesen sido parte de un libreto, porque estoy convencida de que sirvieron para denunciar lo que se calla, lo que se oculta entre tanta seda, tantas flores y tanto glamour. Al menos esta vez cumplió mejores objetivos.

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