Columnistas

Al Gobierno: ¡basta de violencia!

El Estado es el monstruo que ha creado a los narcos, que son sicarios de los políticos

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:11 / 14 de enero de 2016

Mi madre asegura que cuando ella era joven no existía el narco. Pero la hoja de coca, por caso, era consumida 3.000 años antes de Cristo. Si bien la cocaína fue prohibida en Estados Unidos en 1922, no es hasta Nixon cuando se declara la “guerra contra las drogas” (que solo en México lleva más muertos que la de Vietnam) que aparece el narcotráfico como delito moderno.

O sea, contradiciendo la propaganda oficial, la demoníaca agresividad alrededor de estas drogas (muy dañinas) es iniciada por el Estado que, con su monopolio de la violencia, impone la represión a consumidores, productores y comerciantes. ¿Siguiendo esta misma lógica, por qué no prohibir —reprimir violentamente— el tránsito automovilístico ya que las muertes por accidentes en Estados Unidos en 2007 se situaron en torno a las 38.000 (las relacionadas con el alcohol fueron 12.998), siendo la principal causa de muerte entre los jóvenes; mientras que por sobredosis de drogas “ilegales”  fallecieron aproximadamente 16.000 ese mismo año.

Es que es un gran negocio para políticos y funcionarios: la “prohibición” —que no es tal, el consumo está en su máximo— es una excusa para reprimir a los que no sobornan adecuadamente. Existe una simbiosis entre Estado —políticos, jueces, policías, etcétera— y el narcotráfico, sino no se explica que el Gobierno del país con las Fuerzas Armadas más poderosas del planeta, Estados Unidos, es precisamente donde más se consumen y trafican drogas. Sin la menor duda, la violencia del Estado es el monstruo que ha creado a los narcos, que, digámoslo crudamente, son sicarios de los políticos.

En México unos 100 periodistas murieron en los últimos ocho años por investigar el narcotráfico. Ahora, no es El Chapo el que teme a las noticias, porque él mismo se jacta de traficar, los que le temen a la verdad son los funcionarios que muy probablemente han sido los autores intelectuales de los homicidios. Hasta el novel —y aún ingenuo— Presidente argentino encontró que las fuerzas de seguridad de su país están “penetradas por las mafias”, después de la recaptura de tres prófugos que se dedicaban a la exportación de efedrina a México, donde su circulación está prohibida por usarse para fabricar anfetaminas.

En la entrevista realizada por Sean Penn, El Chapo dice tres cosas reveladoras. La primera, que empezó en la droga porque no había otro trabajo. Ahora, la desocupación no puede ser nunca natural, cuando hay tanto por hacer (viviendas, hospitales, etcétera), sino que es producto de la coacción estatal que impone “leyes” laborales como el salario mínimo que deja desocupados a quienes ganarían menos. La segunda, que él nunca inicia los problemas, solo se defiende —muy sangrientamente, por cierto—; y es verdad, es la soberbia de los políticos que reprimen a quienes consideran “ilegales” la que inicia la violencia. 

La tercera es que, aunque él desaparezca, el comercio no disminuirá —de hecho, no disminuyó mientras estaba en prisión—; y los funcionarios lo saben: la verdad es que no lo persiguen por terminar con el tráfico de drogas, nunca lo harían siendo su propio negocio, sino solo para justificar su accionar frente a la opinión pública y sustentar su falso relato oficial. En fin, “Dios no condena”, dice el Papa, sino que es infinitamente misericordioso. ¿Por qué, entonces, condenan tan violentamente los políticos iniciando una guerra con tanta muerte salvaje?

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia