Columnistas

Gobiernos llenos de soberbia y racistas

La posición del asesino de Charleston coincide con la de los gobiernos que impiden la libre inmigración

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

04:21 / 26 de junio de 2015

A raíz del atentado en Charleston (Carolina del Sur) ha revivido en Estados Unidos la discusión sobre el racismo, y la prohibición del uso de armas, intento “pacifista” torpe ya que la evidencia muestra que no es la solución. Por caso, en gran parte de América Latina las armas están prohibidas y el índice de homicidios es muy superior al de EEUU. Las leyes son justas y contribuyen a ordenar a la sociedad solo cuando son naturales, pero dejan de serlo cuando son una creación arbitraria de la razón humana (del legislador); entonces, al no darse natural y espontáneamente deben ser impuestas por vía policial, que, precisamente, utiliza armas. ¿¡Armas para prohibir armas!?

En cuanto al racismo, no basta que Obama diga por radio desde un garaje de Los Ángeles que “No estamos curados” porque “las sociedades no borran de la noche a la mañana lo que ocurrió durante 200 o 300 años”. Lo cierto es que, gracias a estas leyes coactivamente impuestas por su gobierno (como los impuestos, derivados por los empresarios vía aumento de precios a los estratos sociales más pobres) hay salarios bajos y desocupación que golpea con más fuerza sobre los más humildes (en un círculo vicioso) que históricamente son los “negros”.

Por cierto, es incoherente pedir la pena de muerte para el responsable del ataque de Charleston (asesinarlo por asesino); más bien debería realizarle un tratamiento psiquiátrico, cosa que podría haberse previsto dado que había publicado en internet que los negros son “estúpidos y violentos”, para luego atacar a los judíos, latinos y asiáticos, poniendo énfasis en que “los hispanos son un enorme problema (...) son nuestros enemigos”.

Su posición coincide con la de muchos gobiernos occidentales que impiden la libre inmigración por cuestiones raciales, pues sobran las pruebas de que los inmigrantes colaboran al crecimiento del país, y si éstos abusan del “Estado de bienestar”, entonces tendrían que culpar al Estado que lo implementa y no a los inmigrantes. El drama llega al punto de que el Gobierno mexicano interceptó a 11.893 menores indocumentados (6.113 estaban solos) procedentes de Centroamérica entre enero y mayo de 2015 cuando viajaban con rumbo a EEUU, 49% más que en el mismo periodo del año anterior.

Los niños son expuestos por los traficantes a trabajos forzados, violaciones, pornografía, abusos, maltrato físico y verbal, entre otras cosas. Traficantes que suelen traficar también drogas muy dañinas. Otro “tráfico ilegal” que ha creado un nivel de crimen increíble y que por ejemplo financia a la guerrilla de las FRAC de Colombia, que no existiría de no ser por esta ayuda del Gobierno de EEUU: la prohibición que crea el muy rentable tráfico “ilegal”.

Por caso, con solo 6 millones de habitantes, en El Salvador se produjeron 635 homicidios en mayo. Los pandilleros acechan en las salidas de las escuelas a los adolescentes y les ofrecen entrar a las pandillas; y si se niegan, los matan. Según un funcionario salvadoreño, “en un año se arrestó a 12.000 pandilleros (pero) podemos llevarnos a 50 que otros 50 entrarán en la pandilla”, mientras el negocio sea tan rentable sobre todo frente en las condiciones de pobreza creadas en América Latina por los gobiernos que, por cierto, la niegan. Las villas miseria de Buenos Aires se ven desde el centro, allí viven unas 250.000 personas, y desde 2010 crecieron 70%, pero no existen en los mapas oficiales ni en Google Maps, son solo una mancha, tierras fiscales. Eso sí, los “punteros” políticos las controlan a la hora de votar.

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