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Gracias Amalia

La salida de Amalia de la red Erbol nos ha dejado un puñado de enseñanzas, casi todas, desconcertantes

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Archondo

00:00 / 31 de agosto de 2015

La salida de Amalia Pando de la red Erbol nos ha dejado un puñado de enseñanzas, casi todas, francamente desconcertantes. Una vez conocida la renuncia de su conductora estrella, la radio se declaró en asfixia económica y colocó al Gobierno como la causa. Primer paso en falso. ¿Quiere decir que Erbol se había propuesto vivir de la publicidad estatal? Tal admisión de dependencia voluntaria fue la peor manera de iniciar una campaña en favor de la libertad de expresión. La respuesta radial ante el constreñimiento monetario fue una colecta pública con número de cuenta incluida. Los oyentes fueron invitados a aportar sus centavitos para recuperar el oxígeno y lograr que Amalia, cuya cabeza habría sido pedida por los publicistas gubernamentales, pudiera permanecer ante los micrófonos. Según se informa, se juntaron Bs 16.144, 9.000 de los cuales fueron invertidos raudamente en el pago de la señal satelital. ¿Así se pensaba sostener la emisora?, ¿es una campaña indefinida de recolección de plata una vía realista para alcanzar la ansiada independencia económica? 

Aún faltaba lo peor. Se organizó una marcha por la libertad de expresión. Como salidos de una caja de sorpresas, en ella aparecieron connotadas figuras de la oposición como Filemón Escóbar, Gualberto Cusi o Alejandro Almaraz. No fueron como mirones, tomaron micrófono y dieron línea. Parecía estarse fundando una plataforma dirigida a oponerse a la reelección de Evo. ¿Es la alternancia en Palacio de Gobierno la salida estructural para los medios que no consiguen otra publicidad que no sea la estatal?

La cereza en el pastel fue la insólita aceptación de la anunciada renuncia por parte del directorio de Erbol. Amalia pidió explicaciones, nada le dijeron. En un contexto de flores, lágrimas y citas a Miss La Paz, una radio que buscó su permanencia se enfilaba a darle el portazo final. Como si viviera en Marte, el directorio decretó que el ciclo de Amalia llegaba a su fin. ¿Se dieron cuenta de eso un mes después? ¿Para qué movilizar gente si se conduce a los sensibilizados a un callejón sin salida? Inadmisible.

Lo que aprendimos de todo esto fue que urge una ley de asignación de la publicidad estatal. Se trata de recursos públicos, cuyo dueño no es ni el Presidente ni el ministro del ramo. Así, como en cualquier licitación para construir una carretera, el Estado debería entregar ese dinero a los medios que le garantizan llegada a un público atento. Basado en mediciones de sintonía y tiraje, el que asigna los contratos bien podría ser como un cajero automático. Solo reciben los que llegan a los oídos y ojos de los ciudadanos, no cualquier hoja parroquial.

¿Qué si los medios mienten y por eso no merecen ni un peso? Entonces organice un comité de detectores de mentiras y mida las narices de Pinocho allá donde se destaquen. ¿Qué si los medios se alían a intereses chilenos para atentar contra la patria? Entonces organice un comité de detectores de agentes extranjeros e interponga un veto a los que les dan bienvenida en sus redacciones.

Si se diera el milagro, y el Estado decide institucionalizar la asignación de su presupuesto publicitario, le estaremos haciendo el homenaje que Amalia Pando no ha recibido aún por sus esfuerzos en la lucha por una democracia que sea algo más que una sucesión de elecciones plebiscitarias.

Es periodista.

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