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¡Gracias!

Fue una aventura excepcional ser parte de un diario de la talla y el prestigio de La Razón

La Razón / Ricardo Paz Ballivián

01:48 / 19 de noviembre de 2012

Me voy de las páginas de La Razón. Lo hago por mi propia voluntad y sin que medie ningún tipo de presión o elemento extraño a mi simple y exclusiva decisión personal. Me voy porque deseo cambiar de espacio en el cual expresar quincenalmente mis ideas. Quiero renovar el contenido y la forma de mi columna y he visto que el cambio debía también incluir el medio que me acogió por casi diez años.

Agradezco en primer lugar, como no puede ser de otra manera, a mis lectores, que a lo largo de todo este tiempo me alentaron, de diversas maneras, a plasmar por escrito lo que siento y pienso con relación a la realidad social que nos contiene. En todo este tiempo he recibido felicitaciones, críticas, adhesiones y claro, también contradicciones, que siempre fueron bienvenidas, porque ya es un triunfo saber que alguna gente te lee.

También es correcto agradecer a todos los directores y editores de la página editorial que pasaron por La Razón mientras escribí acá. Nunca (y cuando digo nunca es literal), me sugirieron algo que melle o limite mi derecho a la libre expresión. Muchas veces discutimos, luego de publicada, el contenido de mi columna, pero siempre en el entusiasta y respetuoso ejercicio del debate democrático.

Escribí sobre diversos tópicos y con absoluta libertad. Si bien es cierto que mi sesgo fue el análisis político, las reformas constitucionales, las estrategias electorales o la sociología de la vida cotidiana, también me di tiempo para dar rienda suelta a mi imaginación y mis frustradas pretensiones literarias. Más de una vez sorprendí a mi audiencia contándoles un sueño, un libro que me deleitó o una película que recomendé con entusiasmo casi comercial.

Sin duda fue una aventura excepcional ser parte de un diario de la talla, la importancia y el prestigio de La Razón. El orgullo de haber sido uno de sus columnistas más constantes y añejos me acompañará en las nuevas etapas que voy a encarar hacia adelante. Se trata de un antecedente que, como ya he comenzado a sentir, es muy valorado en todos los ámbitos.

Unas líneas finales para reflexionar acerca de la necesidad de escribir y publicar en un país como el nuestro. En lo personal, yo lo hago porque tengo una filosofía simple de grafiti: creo que si uno no dice lo que piensa, entonces ¿para qué piensa? Las ideas y las reflexiones son para compartirlas, debatirlas y ponerlas bajo el escrutinio público; he allí su utilidad y su posibilidad de incidencia. Que en estos tiempos se ha convertido en un deporte de alto riesgo es una realidad y reflexionaré sobre aquello en breve, pero para eso ustedes deberán esperar a leer la inauguración de mi próxima columna.

¡Gracias! A todas y a todos, lectores de La Razón, defensores de la vida, las libertades y la democracia. Hasta pronto.

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