Columnistas

Gran Bretaña renuncia a ser una potencia

Luego de 300 años de trayectoria, Gran Bretaña ha renunciado a ejercer su rol como potencia mundial.

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:00 / 31 de mayo de 2015

El 18 de mayo, el primer Ministro de Gran Bretaña, David Cameron, dio su primer discurso de importancia tras ser reelecto a su alto cargo, una vez ocupado por William Pitt, Benjamin Disraeli, William Gladstone, Winston Churchill y Margaret Thatcher. Al confrontar un mundo de desafíos, desde la posibilidad de que Grecia abandone el euro, una crisis masiva de migración en las costas europeas, el peligroso conflicto de Ucrania, la continua intransigencia de Rusia, el avance del Estado Islámico, y el caos persistente en el Oriente Medio, Cameron eligió hablar sobre... un plan para asegurar que los hospitales en el Reino Unido estén mejor atendidos los fines de semana.

Bueno, eso es un poco injusto. Los líderes de todas partes comprenden que “toda política es local”. Sin embargo, al pasar unos días recientemente en Gran Bretaña, me impresionó ver cómo se ha convertido en algo tan local. Luego de una extraordinaria trayectoria de 300 años, Gran Bretaña ha renunciado a ejercer su rol como potencia mundial. En los próximos años el Ejército británico se reducirá a aproximadamente 80.000 efectivos. Un informe del Instituto Real de Servicios Unidos predice que el número podría llegar tan bajo como a 50.000; lo cual, según el diario The Daily Telegraph, sería menor de lo que fue jamás desde 1770. David Rothkopf, de la revista estadounidense Foreign Policy, señala que esto significaría que las Fuerzas Armadas de Gran Bretaña tendrían casi el mismo número que las del Departamento de Policía de Nueva York.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos concluye que en los últimos cinco años “el descenso del 8 al 9% del presupuesto militar del Reino Unido... ha contribuido a reducir entre 20 y 30% su capacidad convencional”. Así, no resulta extraño que Gran Bretaña haya sido un reacio aliado de menor importancia en los ataques aéreos contra el Estado Islámico. Los aviones Tornado de la flota británica se encuentran una generación atrás en relación al F-22 estadounidense, junto al cual vuela. La Marina Real, que alguna vez fue la dueña de los mares, actualmente opera sin ningún portaaviones (a pesar de que hay dos en construcción).

Se espera que los miembros de la OTAN mantengan su defensa gastando el 2% de su PIB. El gasto en defensa de Gran Bretaña ya está en torno a ese porcentaje, y el actual Gobierno se ha rehusado a comprometerse a mantener los presupuestos en ese nivel (resulta grato mencionar que la situación de la mayoría de los otros países europeos es aún peor, lo cual significa que Estados Unidos cubre actualmente el 70% del gasto militar de la OTAN).

Y lo propio ocurre con otros elementos de la influencia global de Gran Bretaña. En el primer mandato de Cameron, el presupuesto de Asuntos Exteriores fue reducido en más del 25%. El Servicio Mundial de la BBC, quizás el arma más influyente de la diplomacia británica, ha clausurado cinco de sus emisiones en idiomas extranjeros; y la organización entera ha observado la reducción drástica del presupuesto, política que seguirá en esa misma línea.

No obstante, el ambiente que se respira en ese país supone una fuerte política internacional en diferentes áreas, desde serias sanciones contra Rusia y el sostenimiento de una posición firme con China respecto a temas comerciales, pasando por el uso de la fuerza en Oriente Medio, hasta el mantenimiento de una relación más estrecha con el resto de Europa.  Esto se debe a que en casi todos los asuntos mundiales Gran Bretaña expresa inteligencia, compromiso y un enfoque emprendedor. Desea fortalecer y mantener el sistema internacional actual, aqul basado en la libre circulación de ideas, bienes y servicios alrededor del mundo, lo cual fomenta los derechos individuales y el Estado de Derecho.

No se trata de un fenómeno coyuntural. Gran Bretaña prácticamente creó el mundo en el cual vivimos. En su excelente libro God and Gold, Walter Russell Mead señala que en el siglo XVI, muchos países, como las ciudades-Estado del norte de Italia, la Liga Hanseática, Holanda, Francia y España, estaban dispuestos a superar económica y políticamente a Gran Bretaña. Sin embargo, ésta se las ingenió para vencer al resto, convirtiéndose en la primera gran economía industrial y en la primera súper potencia del mundo moderno. Colonizó y moldeó países y culturas desde Australia hasta India, África y el hemisferio occidental, incluyendo, por supuesto, América del Norte. Si España o Alemania se hubiesen convertido en la primera potencia mundial, las cosas serían muy diferentes en el presente.

Resulta una paradoja, fácilmente evidente para los visitantes del Reino Unido, que Londres continúa prosperando como un centro mundial, cada vez más cosmopolita y terrenal. Más de la tercera parte de los londinenses nacieron fuera del Reino Unido. Además, el actual Gobierno ha estado más que dispuesto a viajar por el mundo para pedir inversiones, ya sean chinas, rusas o árabes. Esto es correcto como una estrategia que aspira convertir el Reino Unido en un centro de distribución o refugio financiero seguro. Sin embargo, Gran Bretaña no es Luxemburgo. Aun hoy en día es un país con talento, historia y capacidad para configurar el orden internacional. Ésta es la razón por la cual el giro interior del Reino Unido no solo es una tragedia para ellos, sino para todos nosotros.

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