Columnistas

Greenpeace, destructor de la memoria

Bajo la lógica del marketing capitalista decidieron llamar la atención dañando algunas figuras de Nazca

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

01:35 / 20 de diciembre de 2014

La cumbre sobre el cambio climático de las Naciones Unidas (COP20) realizada en Lima, Perú, en pasados días, además del fracaso para que los Estados capitalistas pongan fin al uso de los combustibles fósiles que contaminan el medioambiente, trajo otra consecuencia que no ha sido muy comentada, y que tiene estrecha relación con otra forma de daño criminal ambiental a la simbología de los pueblos ancestrales.

¿Quiénes cometieron este crimen a la Pachamama? ¿Cómo ocurrió el hecho? Algunos socios de una ONG internacional llamada Greenpeace, aprovechando la oscuridad de la noche, ingresaron sin autorización donde se encuentran las líneas de Nazca, malogrando con sus pisadas una zona arqueológica de valor intangible, construida por los ancestros andinos y peruanos hace más de 2.000 años. Los de Greenpeace colocaron un letrero de tela amarilla en el suelo con el mensaje Time for change: the future is renewable (Tiempo de cambio: el futuro es renovable). Sabiendo que el mensaje solo se puede apreciar desde el cielo, profanaron un costado de El colibrí, una de las más de 500 figuras geométricas de animales que conforman una de las mayores creaciones civilizatorias y enigmas arqueológicos del mundo andino, y que algunos investigadores consideran un enorme observatorio astronómico y/o calendario indio del sur del gran Abya Yala.

Nos preguntamos varias cosas: ¿bajo qué moral los de Greenpeace dicen defender el medioambiente? Según su práctica perpetrada en Nazca, simplemente son unos desquiciados mentales que no tienen la mínima moral y ética. Bajo la lógica del show y el marketing capitalista se les ocurrió llamar la atención dañando algunas figuras de Nazca. Otras preguntas: ¿quiénes conforman Greenpeace? ¿Quiénes lo financian? Revisando la portada de su página web dicen que se financian “exclusivamente de las aportaciones de sus socios y no aceptan donaciones de gobiernos, partidos políticos o empresas”; pero es difícil creer que, por las acciones perpetradas, sean personas normales y con convicciones de defensa del medioambiente o la madre naturaleza. Decir que son una “organización internacional, que pretende detener el cambio climático, salvar nuestros mares, proteger los árboles, demandar paz y desarme, proteger nuestros animales y más” es mero chauvinismo. Supongo que la terminación de “más” quiere decir que pueden también hacer muchos otros atentados criminales como el aquí se comenta.

Otras fuentes de información sostienen que reciben donaciones de grandes corporaciones multinacionales del petróleo, comunicación y de la fabricación automotriz. Posiblemente esto explique por qué no existe gran temor en practicar daños irreversibles a la simbología patrimonial ancestral. Aunque el presidente ejecutivo de Greenpeace (Kumi Naidoo) haya viajado desde África y presentado personalmente disculpas al Ministerio de Cultura del Perú, el daño ya está hecho. Aquí no hay disculpas. Aquí urgen sanciones drásticas y hacia adelante pensar que haya una mejor defensa de la Madre Tierra (que incluya a sitios históricos y arqueológicos...). Ojalá la nefasta experiencia impulse a nuestros  gobiernos a plantear a las Naciones Unidas la promulgación de una ley internacional que permita sanciones drásticas a infractores como los de Greenpeace. El próximo año en Bolivia está prevista la realización de jornadas previas a París 2015, y sería bueno que nuestras autoridades tomen previsiones para que los violadores de la Madre Tierra no estén presentes. Janiwa akch’as waliki. Uka Greenpeace sallqa jaqinakaxa Nazca luratanakaruwa q’al t’unjañ munapxi.

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