Columnistas

Guerra ‘santa’ contra la sexualidad

El daño no termina ahí, porque las guerras ‘santas’ también se desataron contra la sexualidad.

La Razón (Edición Impresa) / Juan Carlos Zambrana Marchetti

22:21 / 05 de julio de 2016

En el artículo Imperdonable crimen de la Iglesia (La Razón 17.06.2016) analizo la criminalidad de las religiones al legitimar el exterminio del “enemigo”, lo cual convirtió a pueblos hermanos en “enemigos” y desató una guerra que parece ser eterna. Pero el daño no termina ahí, porque las guerras “santas” también se desataron contra la sexualidad. Por caso, todo el capítulo 19 del Génesis cuenta la historia de que dos ángeles llegaron a Sodoma, a la casa de Lot, el cual tenía dos hijas vírgenes comprometidas para casarse. Los hombres de Sodoma intentaron violar a los dos ángeles. Lot, para evitarlo, les ofrece a sus dos hijas vírgenes para que los sodomitas hicieran con ellas lo que quisieran, pero que no tocaran a los ángeles. Los sodomitas rechazan la oferta, y entonces los ángeles cumplen con la misión que tenían de Dios: enceguecen a todos los hombres, sacan a la familia de Lot y queman a todo el pueblo, incluyendo a los novios de las dos hijas. Solo por el hecho de volcar a mirar, convierten a la esposa de Lot en estatua de sal.

Así las cosas, las religiones de origen exógeno que creen en un Dios externo (cristianismo, judaísmo e islamismo), a diferencia de la luz interior del hinduismo y el budismo, condicionaron la sexualidad a regulaciones “morales”, y criminalizaron todo lo que escapara a esas regulaciones. Por ejemplo, la “promiscuidad” (de la mujer) y la homosexualidad: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre” (Levítico 20:13). “No haya ramera entre las hijas de Israel, ni haya sodomita de entre los hijos de Israel”. (Deuteronomio 23:17). “Asa hizo lo recto ante los ojos del Señor, como David su padre. Porque quitó del país a los sodomitas (...)”. (1 Reyes 15:11-12). “Y anduvo Josafat en todo el camino de Asa, su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos del Señor (...) barrió también de la tierra el resto de los sodomitas que había quedado en el tiempo de su padre Asa”. (1 Reyes 22:43,46).

Entiéndase que se trataba de campañas de exterminio supuestamente ordenadas por Dios. Históricamente, los crímenes de las religiones han sido imperdonables, pero más imperdonable aún es el conservadurismo que trata de perpetuar esa criminalidad en pleno siglo XXI, cuando las religiones han perdido ya el monopolio del “conocimiento”, y les resulta imposible sostener como “verdades absolutas” las creencias del siglo III. Aún más criminal es nuestro silencio cómplice que tolera ese conservadurismo.

Dado que esa colusión político/religiosa pretende mentirnos que sus campañas son en defensa de la familia, la vida y la democracia, a la humanidad le convendría recordar que las religiones jamás respetaron la vida de todos los seres humanos, tampoco a las familias de los pueblos que exterminaron, y que se siguen exterminando, por ejemplo, en las guerras de origen religioso en  Medio Oriente, y a través del terrorismo también de origen religioso. En cuanto a la defensa de la “democracia”, la historia ha demostrado que lo que las religiones defienden es el estatu quo: el poder de influencia política que acumularon durante siglos. Las religiones van perdiendo esos espacios en los Estados seculares de la modernidad, pero tratan de aferrarse al poder defendiendo la agenda del conservadurismo, que pretende perpetuar en pleno siglo XXI su criminalidad imperdonable del pasado.

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