Columnistas

Hablemos de aborto

Nos negamos a hablar del aborto a pesar de que hoy constituye la tercera causa de muerte materna.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

03:05 / 28 de septiembre de 2015

Hoy, 28 de septiembre, en Latinoamérica discutimos en torno a la demanda de las mujeres por un aborto legal y seguro. En Bolivia muchas comunidades, sobre todo religiosas, se niegan a hablar del tema, buscando así que desaparezca como problema social y de salud pública. La práctica del aborto es tan antigua como la misma especie humana. Muchas investigaciones han documentado las diversas formas en que los pueblos regulan su crecimiento, y una de esas prácticas es el aborto. Sin embargo, nos negamos a hablar de ello a pesar de que en la actualidad se constituye en la tercera causa de muerte materna.

En Bolivia el aborto está parcialmente penalizado, ya que solamente es legal en casos de violación y cuando el embarazo pone en peligro la vida de la madre. Hasta hace poco, para poder acceder a ese derecho las mujeres necesitaban el permiso de un juez, pero desde febrero de 2014, con el fallo emitido por el Tribunal Constitucional Plurinacional, las mujeres que hayan sido víctimas de violación y que hayan quedado embarazadas en consecuencia pueden realizarse un aborto a sola denuncia.

A pesar de que la decisión libremente consentida de una mujer de interrumpir su embarazo actualmente es ilegal, la cantidad de mujeres que lo ejercen es alarmante. Los datos oficiales presentados por el Instituto Nacional de Estadísticas nos hablan de 40.000 abortos al año, aunque estimaciones proporcionadas por otras investigaciones afirman que son aproximadamente 80.000 las mujeres que se enfrentan con un aborto clandestino en Bolivia.

Esto no debe asombrarnos, ya que las estadísticas revelan que el 48% de las mujeres en Bolivia ha tenido un embarazo no deseado al menos una vez en su vida, y que el 61% no usa un método anticonceptivo moderno. Por ello, el 42% declara no tener decisión sobre el número de hijas/os a tener. Y cada vez más se deconstruye el mito de que las mujeres que abortan son jóvenes, solteras o con relaciones sexuales casuales. Según la información proporcionada por pacientes que acuden a los centros de salud por complicaciones debido a un aborto, el 84% están casadas o en unión, y el 71% ya tienen otros hijos.

El embarazo no deseado y el aborto inseguro esconde diversas violencias, esconde discriminación, pobreza y colonialidades racistas. Nos negamos a discutirlo seriamente como un problema de salud debido a que, a pesar de enorgullecernos de ser un Estado laico y despatriarcalizador, todavía no logramos desprendernos de una mentalidad judeo-cristiana que regula nuestra sexualidad.   

Cuando se habla del tema, las mujeres todavía muestran el miedo que hay para hablar del aborto. Miedo al pecado, miedo a la cárcel, miedo a ser juzgadas por otras personas, miedo a las posibles consecuencias. Y es que un embarazo no deseado generalmente termina en aborto, independientemente de si es legal o no y de que se lo practique en condiciones seguras o inseguras. Y ninguna mujer que decide practicarse un aborto lo hace por placer, ya que nadie busca un embarazo solo para practicarse un aborto.

Aunque no lo quieran ver, el aborto existe, las mujeres abortan hoy, abortaron ayer y abortarán mañana. Lo que buscamos es que lo hagan en condiciones en las que sus vidas no corran peligro, que la sociedad no se mienta, imponiendo normas, leyes, mandatos que colectivamente sabemos que no se cumplen. Queremos ser respetadas cuando elijamos lo que nos conviene, según nuestras creencias religiosas o sistema de valores y, sobre todo, lo que consideremos mejor para nuestras vidas.

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