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Hacedor de estrellas

La novela de Stapledon es un viaje mental, espiritual, a lo largo y ancho de la galaxia

La Razón / Ana Rebeca Prada

01:07 / 06 de junio de 2012

Hacedor de estrellas (1937) es seguramente una de las más inquietantes novelas de la ciencia ficción. Y esto ya es decir mucho: lo inquietante es medular al género. No es tan conocida como las ultra-canónicas 1984 y Un mundo feliz, empero, esa gran época del género no estaría para nada bien entendida sin la consideración de esta obra de Olaf Stapledon (1886-1950).

Se trata de un texto en el que este profesor de filosofía se aproxima a las preocupaciones y angustias más centrales al género y a la disquisición filosófica vinculada a la ética. Se trata de un viaje mental, espiritual, a lo largo y ancho de la galaxia y del tiempo, y más allá. No se complica el autor inglés con máquinas, cohetes, tecnología espacial, acudiendo más bien a la estrategia del viaje incorpóreo y, como tal, despojado del problema del viaje interplanetario en máquinas ultra-sofisticadas.

Como H. P. Lovecraft, Stapledon nos regala un universo poblado de múltiples pueblos, culturas y comunidades de la más diversa especie. Están los humanos (que esencialmente se parecen a nosotros, pero que físicamente pueden diferir enormemente) y los que ya no pueden describirse como tales por su excesiva diferencia. El personaje central (sin nombre) visita mundos poblados por seres-planta, seres-estrella-de-mar, seres-ficción, seres-música, etc., en una de las catalogaciones más locas que pueda imaginarse. Llega, una vez avanzada su experiencia, al Hacedor de estrellas, el creador de los cosmos y mundos visitados. Entonces, un poco a la manera de Poe en Eureka!,  pero rebasando el tratado astro-filosófico y aterrizando en la ficción más delirante, es testigo de cómo opera el Hacedor (el universo, pues, tiene como origen y sustancia una entidad magnífica que lo crea, lo termina, lo cambia, lo imagina). Éste le permite entrar incluso en su campo de visión y ver toda su creación: desde el comienzo mismo de las cosas, pasando por muchas versiones del cosmos, y llegando al final.

Increíblemente, Stapledon se las arregla, además, para pensar esta ficción desde la entreguerra, desde la gran crisis europea en la que se está por re-ingresar a la barbarie de una segunda guerra mundial. La paz, la superioridad espiritual, la capacidad de convivir, la tolerancia, el trabajo conjunto como secreto único a la grandeza de las razas son algunos de los temas que atraviesan la obra, así como el horror de las guerras y la pasión terrible del odio.

No es raro que Borges haya admirado tanto este libro. Mezcla la filosofía, la religión, la ficción científica, la imaginación más portentosa, la utopía de la paz y la creación conjunta, y toda la ciencia de su época (la teoría de la relatividad, la del Big Bang; la idea de los universos paralelos; la geometría no euclidiana...). Un libro que, como dicen los gringos, te hace estallar la cabeza, enamorándote una vez más del género, y definitivamente, otra vez de la literatura.

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