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Harry and Charlie

Harry Hole y Charlie Parker se enfrentan al mal y a sus muchos rostros; pero también a sus sociedades

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

02:19 / 04 de septiembre de 2015

Ni modo, el próximo domingo estaré obligado, como el resto de la población, a ser un peatón. No tengo nada contra los que les encanta caminar, y sí mucho contra los que manejando un vehículo se convierten en abusivos dueños de la calle y atropellan los derechos de los menos fuertes, o sea los transeúntes.

Pero eso de que la medida esté acompañada de ley seca me parece una mojigatería de lo más tonta. Beber es un derecho de toda persona mayor de 18 años, cada quien sabrá cómo tratar a su hígado; sin embargo, vivimos en una sociedad a la que le gusta normar la vida de los demás con mayor frecuencia.

Así que dedicaré mi domingo a algo más que gastar la suela de mis zapatos. Terminaré de leer a Jo Nesbo y su novela Cucaracha, la segunda entrega protagonizada por el detective Harry Hole, aunque todavía tengo en los labios el regusto de El invierno del lobo, de John Connolly, decimotercera entrega de las venturas y desventuras del expolicía Charlie Parker.

Harry es un alcohólico redomado que se hubiera burlado abiertamente del Concejo Municipal de La Paz y sus prohibiciones. Inteligente y talentoso, capaz de ver en los detalles las pistas que dejan los homicidas. Parker es un hombre perseguido por la culpa de haber ido al bar mientras su esposa y su hija pequeña eran torturadas y asesinadas.

Ambos se enfrentan al mal y a sus muchos rostros; pero más aún se enfrentan a sus sociedades. El detective, llamado Bird por su homónimo saxofonista, lucha en Maine y sus alrededores contra sectas de fanáticos que, absorbidos sus cerebros por la locura, andan destruyendo la vida de los demás; y tiene por colaboradores a dos homosexuales, uno blanco, el otro negro, uno un hippie moderno, el otro un gentleman chapado a la antigua. Los dos fueron asesinos profesionales, pero ahora están del lado luminoso de la fuerza.

Hole, en cambio, lucha solo, tratando de olvidar a través del alcohol el día en que manejando borracho causó el accidente donde otro policía murió. Son héroes problemáticos y problematizados por un inicio de siglo poblado por la más grande crisis económica que el capitalismo haya conocido. Y tanto Connolly como Nesbo son escritores que combinan la buena frase, la filosofía y el suspenso.

Logran de esta manera retratar un tiempo en el que hasta en el día en que uno debería caminar se prohíbe tomar una cerveza. Termino rápido esta columna mientras voy a comprar trago al supermercado, no vaya ser que la ley seca me encuentre seco.

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