Columnistas

Heraldo y el mar

A cada ataque, redoblamos la artillería verbal. Y así, sin percibirlo, jugamos las reglas de Santiago

La Razón (Edición Impresa) / Rafael Archondo

00:00 / 16 de febrero de 2015

De acuerdo con una encuesta de evaluación de la empresa Adimark, Heraldo Muñoz es el ministro mejor calificado por la población chilena. Un 79% de los consultados lo aplaude y solo un reducido 8% lo critica. A su vez, un 69% respalda el manejo de la política exterior desde que Michelle Bachelet se hizo cargo de La Moneda.

El canciller Muñoz es la cara opuesta de Alfredo Moreno, su antecesor en el cargo bajo la presidencia de Piñera. Mientras Moreno es ingeniero, empresario y banquero, Muñoz es un diplomático de formación. El excanciller empezó su actividad pública en 2010. El actual, en cambio, en 1973, cuando fue supervisor nacional de los llamados “Almacenes del Pueblo”, durante el gobierno socialista de Salvador Allende. Estamos, pues, ante dos biografías divergentes en todos sus acápites. Moreno, montando alianzas entre supermercados; Muñoz, estudiando en Estados Unidos; uno presidiendo bancos comerciales; el otro, investigando, por encargo de Naciones Unidas, el asesinato de una célebre primera ministra pakistaní.

Remarco tales contrastes para decir que Bolivia, en su litigio por el mar, no está enfrentando a un principiante. Heraldo Muñoz es, a pesar de lo dicho, el gran subestimado de la plaza Murillo. Cada vez que lanza una declaración, salen a menospreciarlo y a decir que está “nervioso”. No nos equivoquemos.

Carlos Mesa ha acertado apuntando bien un dato: el Canciller de Chile contradice a su Presidente. Mientras Bachelet se acercó a Evo en San José de Costa Rica para invitarlo a una reunión espontánea. Muñoz ha declarado que no habrá “cuerdas separadas” con Bolivia, como sí hubo con el Perú, durante el juicio previo que enfrentó a ambos países en La Haya. Sí, en efecto, hay una brecha entre una Presidenta que quiere hablar de todo, menos del mar, porque este tema está en una corte internacional; y un Canciller que advierte que no hay ánimo “para andarse condecorando”. Sin embargo, nada de lo visto es fruto de la casualidad.

Bachelet ofrece la zanahoria; Muñoz se encarga de blandir el palo. A partir de esta supuesta desinteligencia, hemos llegado a pensar que Chile carece de estrategia, que deambula sin norte ni brújula, que ha extraviado los papeles. Mejor dejemos atrás el triunfalismo.

Muñoz y Bachelet fueron íntimos colaboradores de Ban Ki-moon, quien los designó director para América Latina del PNUD y primera autoridad de la recién creada ONU Mujeres, respectivamente. Ambos conocen el sistema como la palma de su mano y saben, por ejemplo, que de lo que se trata ahora es de atizar al máximo la beligerancia entre ambos países. Saben que los jueces de La Haya debaten hoy si les conviene o no ocuparse de la demanda boliviana. Si los magistrados perciben que el ambiente entre ambos gobiernos es de “guerra”, preferirán excusarse. Los celebrados jueces son adversos al riesgo. Solo aceptan casos cuyo rumbo primordial es la conciliación de posturas. Su labor consiste en coronar con laureles ambientes preestablecidos de concordia. Al video de Chile hemos respondido con otro. A cada ataque, redoblamos la artillería verbal. Y así, sin percibirlo, jugamos las reglas de Santiago, raptados por la locuacidad y ese delirio de “nueva potencia emergente”.       

Es periodista.

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