Columnistas

Heredades patrimoniales

Varios cerros y promontorios naturales deberían ser declarados patrimonio natural de La Paz

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas / La Paz

21:24 / 11 de mayo de 2016

Pocas veces valoramos el patrimonio natural de las ciudades, y generalmente somos severos críticos de las nuevas edificaciones desacertadas que las agreden; sin embargo, a pocos les interesa la desaparición de los cerros, lo cual es lamentable porque no habrá nada que sustituya la pérdida del entorno natural de las urbes.

La Paz es una ciudad que tiene una identidad natural particular por su topografía, sus cerros y los promontorios que la conforman, los cuales hoy corren el peligro de desaparecer. De ahí que debieran ser declarados patrimonio natural de La Paz por ejemplo los cerros que se encuentran frente al colegio Alemán (Achumani), los que están siendo invadidos en sus bases por edificaciones que esperamos no agredan esas hermosas pantallas esculturales naturales, que exigen una gran responsabilidad al intervenir arquitectónicamente ese majestuoso paisaje natural idílico de La Paz. Y esto debiera motivar el hecho de dejar de imponer presencias torpes basadas en el sensacionalismo formal o la ansiedad económica.

 

En similar situación se encuentran los cerros rojos y lilas ubicados en La Florida, los que, en el caso de los primeros, corren el riesgo de ser agredidos por la edificación de urbanizaciones que los recorten para obtener mayor superficie construida. Este lugar debiera formar parte de la estructura recreativa lineal que allí existe y que es utilizada los fines de semana para el descanso y respiro de muchos ciudadanos. Otro caso es la Muela del Diablo, cuya presencia forma parte de los valores naturales más bellos de esta urbe, especialmente en su parte posterior, la que está siendo invadida por los loteadores.

Parece haber llegado el momento en que las autoridades de La Paz realicen un inventario de conservación de ciertos cerros y promontorios naturales que aparecen en rincones o al medio de la naturaleza, como es el caso de la avenida Kantutani. Éstos no solo remarcan el paisaje, sino que además se constituyen en hitos de referencia urbana.

Asimismo, la intervención de otros cerros (en su parte superior) debiera obligar a concebir edificaciones dentro de soluciones en pendiente, lo que evitaría el aplanarlos. Lo fundamental es entender que esta urbe nunca será plana, por tanto, el crear esquemas espaciales acordes a sus cualidades topográficas y exigir la plantación de por lo menos un árbol en cada lote no solo transformará a La Paz, sino que también afianzaría el respeto a la naturaleza como parte de nuestro vivir. Así se evitaría que esta ciudad siga creciendo al libre albedrío de los loteadores, lo cual exige comprender que las nuevas laderas son territorios que requieren ser planificados.

Todos sabemos que los cerros paceños están expuestos a los asesinos telúricos del paisaje, como llaman los amantes de la naturaleza a los loteadores, quienes desconocen y olvidan que esta ciudad exige respeto a los valores de su legado natural, ya que dichos cerros forman parte de su singularidad y estética urbana. Es más que necesario declarar a los cerros más relevantes como heredades patrimoniales de La Paz.

Quizá para algunos nuestro reflexionar sobre la belleza natural de La Paz sea arriesgada, debido a que nos invita a repensar principios sobre la estética en general; empero, el entender a los cerros dentro de una forma a priori de sensibilidad significa que muchos de ellos son capaces de convertirse en productores de sentido, ya que su éxito radica en la comprensión de la naturaleza a partir de un lenguaje universal poético.

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