Columnistas

Heterodoxo a mi manera

La Razón (Edición Impresa) / José Gramunt de Moragas

02:00 / 27 de febrero de 2013

A fuerza de leer, día tras día, los pronósticos —si no intrigas— alrededor del próximo sucesor de Joseph Ratzinger, que se retirará a una vida monacal al anochecer, hora romana, del 28 de febrero, me he vuelto heterodoxo. Aclaro, heterodoxo a mi manera. Para pasarme a esta heterodoxia han sido determinantes los videntes y adivinos que vaticinan, día por medio, el nombre y apellido, así como el currículum eclesiástico o curial de  los supuestos papables. Es el tema del día. En cualquier reunión familiar puede usted vaticinar el nombre del finalmente elegido Papa en el cónclave del próximo  marzo.

Repito, me hice heterodoxo a mi manera: fiel al dogma católico, apostólico y romano, pero no al “chiverío” (con perdón) que se armó a partir del momento en el que el cardenal Ratzinger anunciaba su próxima renuncia al papado. Por ejemplo, no creo en los “profetas” partidarios del cardenal Francisco Pietro Bertone, calificado como el Gran Elector del Vaticano, a quien le encanta el fútbol. Tengo para mí que esta sola afición me hace desconfiar de los pronósticos. ¿Quién está seguro de los resultados de los partidos de la liga, de la Copa del Rey, de la Libertadores, etc.?

Tampoco confío en los del otro bando; es decir, los que le señalan al anterior Secretario de Estado del Vaticano (equivalente a Ministro de Asuntos Exteriores), el cardenal Angelo Sodano, como el Gran Elector, o sea, personaje muy influyente en el próximo cónclave. Si la memoria no me falla, el purpurado acompañó al papa Juan Pablo II en su visita a Bolivia en 1988.

No creo en ninguno de esos purpurados colocados en la categoría de “papables”, mientras no se vea que de la chimenea del palacio vaticano salga a los espacios romanos la señal inequívoca del humo blanco. Entonces sí que podremos proclamar con gozo y sin lugar a dudas ¡Papam habemus!

Repito. No creeré en los “vaticanoyatiris” más prominentes de uno ni de otro bando, hasta que certifiquen oficialmente el escrutinio final del cónclave. Con los debidos respetos, parecería que vísperas una elección papal, los vaticanistas “profesionales” van pintando a los cardenales como marionetas que actúan bajo las cuerdas de algunos, podrían caricaturizar la imagen de supuestos fabricadores de papas.

Voy más allá. ¿Heterodoxo porque me niego a reconocer a la Congregación de la Doctrina de la Fe como un actual renacimiento de lo que conocemos como la Santa Inquisición? De ninguna manera. Los tiempos cambian, la vera doctrina, no. ¿Cuándo el dubitante lector ha visto a un hereje contumaz, ahorcado por haberse profesado heterodoxo convicto y confeso? Claro que nunca lo vio. Llamemos, pues, a las cosas por su nombre: la Inquisición fue una forma de penalizar, considerada normal en los viejos tiempos, las ofensas graves contra la fe, contra el Santísimo Sacramento, contra los soberanos reinantes. Sí, llamemos las cosas por su nombre. Los detentadores del poder que persiguen y encarcelan, destierran sin motivo ni juicio, ¿no son unos inquisidores en el peor sentido de la palabra?

Llegado al final de estas especulaciones elementales, y por si aún cupiera alguna duda, me confieso “heterodoxo a mi manera”; es decir, católico, apostólico y romano, aunque opositor a los “fabricantes de papas”. O dicho de otra manera, heterodoxo my way, como si lo cantara Frank Sinatra.

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