Columnistas

Hidrovías en territorios de agua

La gente no termina de entender que las inundaciones son parte de la dinámica natural del Beni

La Razón (Edición Impresa) / Wolf Rolón Roth

01:14 / 24 de febrero de 2014

El departamento del Beni lleva su nombre en alusión al río Beni, por eso siempre se llamó departamento “del Beni” y no “de Beni”, como se empeñan en tergiversar ciertos medios, pese a haberse explicado muchas veces los pormenores históricos del nombre de esta región, que se basa en la gran importancia geopolítica que le dieron sus fundadores al río Beni como hidrovía de salida al mar a través de los grandes afluentes del Amazonas.

Así como esto no se quiere entender, no se acaba de comprender que esta región es un ecosistema de agua en el que las inundaciones son parte de la dinámica natural. El desequilibrio del sistema proviene del desconocimiento de su funcionamiento, destruyendo los bosques de la cuenca alta de sus ríos e insistiendo en obras y asentamientos en tierras que son firmes solo temporalmente. A esta destrucción ambiental nos empujó en el pasado la cooperación externa, implementando programas de desarrollo alternativo en el bosque húmedo tropical, y hoy nos presionan otros intereses foráneos para hacer carreteras de asfalto en territorios de agua.

La enorme llanura de inundación que es esta región de más de 200.000 kilómetros cuadrados está surcada por ríos, lagos y madrejones, que son un enorme recurso hídrico y una gran oportunidad de transporte, como ya lo entendieron los antiguos moxeños que construyeron lagunas y canales que actualmente se siguen usando. Miles de toneladas de carga se mueven todos los años por vía fluvial desde Puerto Villarroel a Trinidad y Guayaramerín, incluyendo enormes cisternas que transportan combustible a través de la avenida principal Ichilo-Mamoré, sin infraestructura de puertos, sin servicios de dragado ni vigilancia de escollos.

Pese a todos estos ejemplos de aprovechamiento fluvial, que deberían llevar a profundizar el estudio de la dinámica de las cuencas y los movimientos hídricos para entender el peligro que implica la construcción de carreteras cuyos enormes terraplenes modifican el flujo de los cursos naturales de agua ocasionando sequías e inundaciones y alterando el ecosistema, nos empeñamos en levantar asfaltos convencionales gastando enormes recursos, desafiando a la naturaleza, que después de unos años nos obliga a su reconstrucción.

Si conociéramos mejor nuestros recursos para usar a nuestro favor las ventajas que nos da la naturaleza, entenderíamos que la carretera entre Cochabamba y Trinidad ya existe y es la vía Ichilo-Mamoré. Lo que falta es mejorarla con infraestructura de puertos, mantenimiento de ríos y construcción de canales, para que la surquen cientos de ferris trasbordando personas, vehículos y carga. La gran avenida fluvial permitiría mejorar el transporte a comunidades, ciudades y pueblos y a integrar los parques y territorios indígenas a través de sus afluentes y canales que consolidarían su integración para mejorar la salud y la educación.

El cambio climático ya no nos permite insistir en nuestra tradicional destrucción y ocupación masiva de áreas de alto valor de conservación; es urgente entender nuestra heterogeneidad climática y geográfica para planificar la gestión del territorio, reordenando asentamientos y rehabilitando los mecanismos naturales de protección.

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